Entre
1976 y 1984 se abrió un nuevo
período. En 1976 llegó a
la ACJ Rolando Dalmás, uruguayo,
quien auspició el surgimiento
y el debate de tesis sociales que alimentarán,
luego, la política programática
de 1984, para dar fin a las orientaciones
anteriores. En esos años la
ACJ asume el rol específico
de organización no gubernamental
(ONG), mientras es notoria esa ambigüedad
práctica mencionada que, hay
que anotarlo, a pesar de los cambios
en el pensamiento acejostista, no sería
superada rápidamente.
Mientras tanto, las corrientes progresistas en la iglesia tomaron fuerza en América
Latina y crecieron los procesos de liberación del llamado Tercer Mundo.
Es significativo que en varios continentes la realidad se repitiera: organismos
surgidos de la expansión protestante y misionera buscaban su propio rostro
en medio de un Tercer Mundo católico o musulmán, pobre
y subdesarrollado. La identificación de la ACJ Ecuador con las corrientes
de independencia nacional en Asia o en Palestina, de lucha contra el aparthied
en Africa o de compromiso con los pobres en América Latina, no fueron
bien entendidas en un inicio por las ACJs de los países desarrollados.
Fue una transición difícil. La ACJ de Quito era la oveja
negra del mundo ecuménico y tampoco era comprendida por las organizaciones
populares que la consideraban como dependencia de la CIA. Se produjeron conflictos
internos, se cerraron programas, se alejó mucha gente, pero el resultado
final no dejó de ser positivo.
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