Jóvenes
creadores de sentidos
Ponencia presentada por Belén
Yépez en el Foro de la Comunicación
organizado por la Mesa 2 de la Constituyente
el día jueves 13 de marzo
de 2008.
La
comunicación es
un derecho, no es simplemente una
profesión. Va más allá de
ocupar un espacio en la pantalla
de televisión, de escribir
para un periódico o una revista,
de tomar una fotografía o
hablar a través de un micrófono.
La comunicación es un encuentro
entre seres humanos distintos que
intercambian sus experiencias. Es
donde reconocemos a los otros y otras
y a nosotras y nosotros mismos. La
comunicación permite la participación
y el ejercicio de la democracia real.
Los
medios de información
son los que nos muestran lo que pasa
a nuestro alrededor, lastimosamente
esa mirada no es nada parecida a
la realidad. Los noticieros tradicionales
solo muestran lo que acontece en
las dos ciudades más grandes,
Quito y Guayaquil, y de ellas solo
la zona urbana ocupa un lugar relevante.
Las otras ciudades y provincias difícilmente
aparecen, excepto, como en este momento,
en el que son noticia por la destrucción
causada por el invierno, cuando hay
muertes trágicas, violencia
o la visita de algún integrante
del Gobierno central.
Los únicos
rostros que se muestran son los de
las personas que poseen el poder
económico o político.
La gente común, casi nunca
es tomada en cuenta para emitir una
opinión en una entrevista
profunda, a menos que sean las víctimas
o los protagonistas de acontecimientos
extraordinarios.
Los
niños,
niñas y adolescentes son usados
como gancho para la venta de productos
y servicios. Su dulzura y sensibilidad
son explotados y espectacularizados.
Son protagonistas en dos circunstancias,
en la crónica roja o cuando
se los considera especiales y únicos
por ejercer y exigir que se cumplan
sus derechos.
Las
franjas horarias en las que se
transmiten los programas destinados
para ellos y ellas es ilógicos: los dibujos animados
a las 11 de la mañana, cuando
están en la escuela o programas
educomunicativos son transmitidos
los fines de semana desde las 5 de
la mañana. Es absurdo pensar
que van a ser vistos por alguien.
En los medios impresos no existen
espacios en los que recojan los intereses
y necesidades a diario. Las revistas
tienen una circulación semanal,
en el mejor de los casos, y no siempre
son lo suficientemente atractivas.
Para
nosotros y nosotras la cosa no
es muy distinta. Nuestras opiniones,
criterios, necesidades y propuestas
no son tomados en cuenta. Piensan
que no las tenemos. Cuando nos presentan
en los noticieros, nuestros nombres
y edades están acompañadas
por calificativos que se han naturalizado
tanto que en el imaginario social
resulta imposible pensar a la palabra
joven sin que esté relacionada
con: delincuente, pandillero, irresponsable,
vándalo o irreverente, nosotros
nunca somos considerados sujetos
sociales ni políticos. Como
máximo llegamos a “ser
lanza piedras” en las marchas, “los
que atentan contra la propiedad”,
privada, por cierto y se empeñan
en violar las leyes. Las historias
en las que los y las jóvenes
somos protagnistas, en los medios
de información, ocupan un
lugar central sólo en la crónica
roja. Nos muestran como las víctimas
o los victimarios. Somos considereados
como un sector de riesgo o mejor
dicho el riesgo para los otros sectores.
Pero
la comunicación no son
solo los medios, somos también
los públicos. Las iniciativas
de varios sectores por controlar
lo que se emite desde los medios
está enfocada principalmente
en la defensa de niños, niñas
y adolescentes; la Agencia de Comunicación
para niños, niñas y
adolescentes, ACNNA, es un ejemplo
de ello. Una investigación
realizada por esta Agencia refleja
el trato discriminatorio y excluyente
que sufren. Es una constante violación
al Código de la Niñez
y Adolescencia. Sin duda el artículo
52 de esta ley, que prohíbe
la utilización de menores
de edad en producciones políticas
y religiosas, es el que menos se
cumple. En época de campañas
electorales, hemos visto como se
utilizan los rostros de la niñez
pobre para conseguir votos prometiendo
cambiar esa triste realidad. O un
banco utiliza niños y niñas
para vender sus servicios.
Estudios
sobre el tratamiento de la juventud
son inexistentes. No hay una publicación
sistemática que permita evidenciar
el trato que recibimos en los medios
de información. Si no nos
muestran como un peligro, somos vistos
como consumidores. La estética
corporal está relacionada
con lo juvenil: se venden imágenes
de hombres, pero principalmente de
mujeres, que jamás envejecen,
como si la apariencia física
fuera lo único importante
y digno de ser resaltado de la juventud.
Esta
mercantilización de la
imagen es excluyente. Se basa en
parámetros de belleza inalcanzables
para la mayoría de nosotras
y nosotros. Imponen medidas, colores,
rasgos faciales alejados por completo
a las características étnicas
de los y las ecuatorianas. Esto ha
desencadenado graves problemas de
salud en muchas de nosotras, ha provocado
una ola de banalidad y consumismo
si precedentes, no solo en los y
las jóvenes sino en toda la
población.
Nosotros
y nosotras exigimos ser incluidos
dentro de la programación como creadores
de sentidos comunicacionales y culturales.
No estamos luchando exclusivamente
para que nos den un espacio en los
grandes canales o en las radio difusoras,
porque estamos concientes de que
la comunicación es más
que medios. Nosotros y nosotras también
nos sumamos a la discusión
y construcción de la comunicación
en su sentido amplio, como derecho
humano y en sus diversas formas de
ser manifestada.
Este
reconocimiento permite que se creen
nuevos espacios más horizontales que promuevan
el diálogo y la transformación
social.
En
los últimos años
el Internet ha posibilitado ampliar
la difusión de información
y ha apoyado en la comunicación
a larga distancia. La juventud ha
intentado hacer de la tecnología,
la herramienta que nos permita ser
reconocidos. La Web está llena
de propuestas de los y las jóvenes
en las que se demuestra que es posible
expresar nuestras ideas masivamente,
aunque todavía hay mucho por
hacer en este sentido ya que la conectividad
en América Latina es limitada.
Hay que trabajar por democratizar
las tecnologías y promover
el acceso al conocimiento, por ello
consideramos indispensable que la
nueva Constitución refleje
esta necesidad y viabilice los mecanismos
para superar la brecha digital existente.
Pero
hay otras formas comunicacionales.
Nosotros y nosotras utilizamos los
celulares para tantas cosas en nuestras
vidas, que incluso en ocasiones no
logramos imaginar nuestras vidas
sin ellos. Son los que han permitido
que nos encontremos con nuestros
amigos para el plan de la tarde,
pero también han logrado articular
movilizaciones sociales. La convocatoria
para derrocar a Lucio Gutiérrez,
se la hizo utilizando esta vía.
En Ginebra se articuló la
propuesta en contra de la invasión
en Irak gracias a los mensajes escritos
emitidos entre miles de estudiantes.
Quizá porque la sociedad nos
ha vuelto anónimos es que
inventamos nuevas formas de ser reconocidos
y reconocidas mediante la comunicación,
la música, el arte, la tecnología,
los graffittis. También nos
hemos apropiado de los pocos espacios
en los grandes medios o hemos creado
los nuestros propios como periódicos
murales, hojas volantes y publicaciones,
programas radiales y video clips.
Estas se han constituido en la mejor
arma de la juventud para decidir
esto somos y aquí estamos,
para cambiar el país.
Ahora,
la Asamblea Constituyente abre una
nueva oportunidad para exigir el
derecho a la comunicación,
al tiempo de luchar por la democratización
de las frecuencias de radio y televisión.
Solo así lograremos tener
verdaderos espacios para no tener
que escuchar lo mismo de siempre,
ni estar obligados a emitir los discursos
que el poder repite hasta el cansancio.
Porque
somos concientes de que la comunicación es encuentro,
diálogo y lo que posibilita
ejercer el resto de derechos hemos
empezado a construir nuestras redes
nacionales para compartir nuestras
experiencias, nuestros sueños
e ideales.
Desde
hace un año
el Acuerdo Nacional por la Constituyente
Juvenil viene trabajando en una propuesta
para la Constitución al que
lo hemos llamado “Mandato Juvenil”.
Este ha sido un intento por reflejar
lo que los y las jóvenes queremos
y soñamos para nuestro país.
Esta iniciativa ahora agrupa a más
de 100 organizaciones de las cuatro
regiones. El mandato no es solo un
planteamiento para los y las jóvenes,
está construido desde una
visión integral de la vida
política, social, económica
y cultural de la Nación. Este
documento lo hemos entregado a los
y las Asambleístas el pasado
mes de enero, pero continuamos trabajando
en conjunto para lograr la apropiación
del contenido del mismo, discutimos
y reforzamos los planteamientos que
ahí se recogen.
En
todos los temas trabajados hemos
tratado de contextualizarlo mediante
la realización
de un diagnóstico que parte
de la realidad y las vivencias de
los y las jóvenes. Esta contextualización
ha permitido que nos apropiemos de
esas necesidades que muchas veces
desconocemos por encontrarnos en
las distintas partes del país.
En los 17 encuentros hemos aprendido
de los otros y otras, nos hemos sensibilizado
y compartido.
Nuestra
plataforma política busca visibilizar
al sujeto joven como sujeto de derechos,
como sujeto político en su
dimensión integral. Soñamos
y queremos un Ecuador que se inspire
y reconozca en su historia como nación
milenaria forjada por mujeres y hombres
diversos pertenecientes a distintos
pueblos.
Buscamos
establecer una sociedad democrática, igualitaria
y no discriminatoria que sea respetuosa
de las diversidades tanto culturales,
de género, sexuales, generacionales,
y demás identidades y que
desde esta riqueza a través
de la participación aporte
a la construcción de un Estado
de derechos, laico, plurinacional
y descentralizado.
Para
ello se requiere la comunicación. En nuestra
propuesta planteamos el reconocimiento
de la comunicación como un
derecho humano fundamental, por lo
tanto es mucho más que los
medios masivos. Entenderla así implica
reconocer que esta es la que permite
la organización social, al
promover la participación
y la interacción, que es ella
la generadora de sentidos culturales,
por lo tanto es pública. No
se limita al acceso y a la producción
mediática, sino que se manifiesta
en la interacción con los
otros, el reconocimiento y el respeto
a la diferencia y a lo propio. La
comunicación como derecho
es la que garantiza la exigibilidad
y el cumplimiento del resto de derechos
ya que en su aplicación se
evidencia el real ejercicio de la
democracia. Este principio es el
que nos mueve en el tema comunicacional.
De ahí hemos desarrollado
algunas propuestas:
Creemos
indispensable que el Estado debe
crear los mecanismos que posibiliten
la democratización
de los medios de comunicación
y garantice que ningún medio
esté manipulado pro partidos
políticos ni poderes económicos,
así como también que
no sean monopolizados. Además
los medios deben abrirse al público
para cumplir con su responsabilidad
social.
Queremos
estar informados e informadas de
lo que pasa en nuestro país,
por lo tanto necesitamos la inclusión
del resto de ciudades en la agenda
de los medios de información.
Exigimos que los medios de información
masiva incorporen a todas las regiones
del país con equidad territorial
y no sólo las incluyan cuando
hay desastres naturales o muertes
trágicas, que se difunda la
riqueza natural y cultural que posee
el Ecuador. Demandamos mayor información
de América Latina y del mundo
porque no vivimos aislados.
Además
nos comprometemos con un Estado que
garantice el derecho a la libertad
de pensamiento y de expresión,
siempre y cuando no violente ni discrimine,
que fomente políticas públicas
para la creación de programas
educativos en los medios de información
y cree los mecanismos para que la
sociedad civil pueda ejercer control
sobre la programación que
emiten. La comunicación no
debe ser discriminatorio ni sexista,
por lo tanto queremos que se prohíba
la publicidad y/o programas que promuevan
prácticas de racismo, sexismo
y discriminación por orientación
sexual, que atente contra la dignidad
de las personas y que utilice a la
mujer como objeto sexual para la
venta de productos.
Necesitamos
desarrollar programas educomunicativos
orientados a la creación de una conciencia
nacional sobre la protección
del medio ambiente, la cultura y
todos los ámbitos que aporten
a la consolidación de una
identidad nacional sólida.
Proponemos que el canal público
sea manejado por la sociedad civil,
las universidades y el Estado en
el que se pueda hacer comunicación
con esta visión de derechos,
que permita difundir las actividades
que se realizan los distintos sectores
sociales.
Al
Estado le corresponde democratizar
el acceso y desarrollo de las nuevas
tecnologías
de la comunicación y la información
para que el conocimiento esté al
alcance real y efectivo de todos
y todas.
Creemos
que es indispensable que se promueva
una imagen positiva de los y las
jóvenes y que
dejemos de ser estigmatizados en
los medios, que se nos considere
como actores sociales creadores y
creadores de sentidos.
Para
fomentar la cultura de paz y la
no violencia activa es necesario
prohibir la promoción
de juegos, juguetes o cualquier tipo
de objeto que promueva la violencia,
física, sexual o psicológica,
con el objetivo de precautelar el
interés superior de niños
y niñas.
Como
nos reconocemos como sujetos sociales
y culturales exigimos al Estado
que apoye a los y las jóvenes para desarrollar
medios y formas de comunicación
alternativas que sean espacios dirigidos
por y para nosotros y nosotras y
para los y las ecuatorianas, que
aborden temas políticos, sociales,
culturales.
Queremos
ser reconocidos en la nueva Constitución,
como actores constitutivos de la
vida del país. |