Identidades
Juveniles y Políticas
Públicas desde la Actoría
y Participación Juvenil
El
Acuerdo Nacional por la Constituyente
Juvenil participó con la
Ministra de Inclusión Económica
y Social y el secretario de la
Organización Iberoamericana
de Juventud en el Foro “Identidades,
Juventud y Acciones de Estado.” Mi
asesora, Belén Cárdenas,
Responsable Juvenil ACJ Ecuador,
integrante del Acuerdo Nacional
por la Constituyente Juvenil, realizó la
siguiente presentación en
el Foro realizado el 24 de marzo
de 2008 en Quito. Asambleísta
Germánico Pinto, Acuerdo
País.
"ya
nadie puede embaucar a los jóvenes,
y eso al poder lo vuelve loco.
Ya no hay como comprarles el
voto, ni cómo convencerlos
de que si hacen ciertas cosas
van a incorporarse al sistema.
Ya no les interesa incorporarse,
o más precisamente, los
que padecen las condiciones más
duras, saben que esta sociedad
no reserva un lugar para ellos.
Todo se agrava porque se los
penaliza por cosas que la sociedad
ha provocado” (Reguillo,
Rossana: Estrategias del Desencanto.
Cita tomada de la Sistematización
del proceso del ANCJuvenil, elaborada
por el Soc. Carlos Celi)
Para
una comprensión y lectura
de lo Joven, lo Juvenil, la Juventud
o juventudes, las identidades juveniles
y culturas juveniles, se requiere
abrir mentes y corazones, para
penetrar en los códigos,
símbolos, estéticas,
rupturas e interpelaciones que
los y las jóvenes crean
y re-crean en la sociedad, en este
caso en la sociedad ecuatoriana.
Es
importante señalar que la
postura desde la que hablaré es
la de las organizaciones juveniles
del proceso del Acuerdo Nacional
por la Constituyente Juvenil, proceso
que se originó en febrero
de 2007, reconociéndose
como un continuo histórico
del proceso juvenil de 1998, que
elaboró propuestas para
la Constitución aprobada
en ese año. Una vez más,
los y las jóvenes convocados
por el proceso constituyente que
actualmente vive el país,
se articularon en un proceso organizativo
que pretende aportar desde el SER
JOVEN a la construcción
de un país incluyente, solidario,
soberano, con justicia social.
Desde el SER JOVEN se propone desmontar
el modelo neoliberal.
Por
tanto el horizonte político
que nos planteamos fue desde las
perspectivas de clase,
de género, intergeneracional,
cultura de paz, desarrollo integral
y de derechos. Por
ello nuestras propuestas y planteamientos
son desde jóvenes de sectores
populares, quienes sufren exclusión
y marginación.
Las
identidades juveniles que confluyen
en el Acuerdo ante todo se adscribieron
a la condición identitaria
generacional, de género
y de clase como condición
de identificación política. Esto
posibilitó la construcción
de un mandato a la Constituyente,
el cual se denomina Mandato Juvenil. Este
se ha convertido en una plataforma
juvenil que no solo define demandas
y propuestas para los y las jóvenes
como Sujetos y Titulares d Derechos
específicos, sino que hace
planteamientos a la agenda nacional.
Así enfocamos
el proceso:
Género: Realizamos
un cuestionamiento a un sistema
patriarcal que excluye, violenta,
discrimina e invisibiliza al otro
y otra para transformarlo en relaciones
entre los géneros basadas
en el respeto, la libertad de opción,
la igualdad de oportunidades y
la equidad.
Intergeneracional: Cuestionamos
el adultocentrismo y transformación
de las relaciones adulto-joven, buscando
el diálogo de saberes, de
interacción y cooperación
entre las diferentes generaciones
para la construcción de
una sociedad horizontal e incluyente.
De Derechos: Resignificamos
el rol de JOVEN como Sujeto Social
y Político de Derechos con
capacidad de exigir y de participar
activa y propositivamente en la
construcción del país.
No
Violencia Activa y Cultura de
Paz: Cuestionamiento a la
violencia estructural y sistémica
y a la configuración de
escenarios de violencia que a
través de los medios de
comunicación los vuelven
cotidianos y que inciden en las
relaciones sociales, y en las
instituciones como la familia,
El estado, el ejército,
la escuela y las iglesias. Apostamos
a la construcción de una
cultura de paz desde la transformación
de relaciones interpersonales
y procesos colectivos que se
basen en la horizontalidad, la
equidad, la igualdad, el respeto,
la empatía, la solidaridad
y la justicia social.
Desarrollo
Integral: Nuestra mirada a estos ejes
se basa en el respeto y la protección
de la naturaleza como fuente
de saberes y de vida. Que fortalezca
nuestra sensibilidad y reconciliación
humana a partir de una re-conciliación
interna que posibilite ejercer
una militancia política
integral.
Contextualizando
Con
estas aclaraciones, vamos entrando
en materia y pasamos a revisar
la realidad de la juventud en Ecuador.
Los
y las Jóvenes solo pueden
ser asumidos desde sus contextos
de vida, es decir en medio de la
realidad económica, política,
social y cultural en la que viven.
El Ecuador es un país con
marcadas desigualdades económicas,
políticas y sociales.
Miremos
algunos datos de esta realidad:
Juventud
en la población ecuatoriana
2005.
Grupos
de edad |
Hombres |
Mujeres |
Total |
15
a 24 años |
1.300.640 |
1.267.673 |
2.568.313 |
25
a 29 años |
550.287 |
544.003 |
1.094.290 |
Fuente:
INEC – Proyecciones de población
2001 – Elaboración:
STFS – SIISE
- De
acuerdo al Censo de Población
y Vivienda del 2001, el 66,7%
de la población ecuatoriana
es pobre; sin embargo, este
promedio nacional requiere
ser diferenciado considerando
formas de exclusión
estructural basadas en “raza
o étnias” donde
9 de cada 10 personas autodefinidas
como indígenas son
pobres, y 7 de cada 10 personas
autodefinidas como negras
son pobres. (1)
- Haciendo
una diferencia entre campo
y ciudad tenemos, que 6 de
cada 10 jóvenes son
pobres. En el campo la cifra
crece de 8 a10. Si
6 de cada 10 jóvenes
son pobres, 3 de ellos viven
en condiciones de extrema
pobreza. En la zona urbana
los jóvenes en extrema
pobreza representan el 16,8%,
mientras en el campo es de
49,3%.
- Los
años de escolaridad
promedio de nuestros jóvenes
es de apenas 6.8 años,
de un total de 9 años
obligatorios. Solo el 8.3%
de la población juvenil
completa sus estudios universitarios.
- El
57,8% de mujeres, de entre
15 y 24 años que eran
estudiantes, cuando supieron
de su primer embarazo interrumpieron
sus estudios. De ellas el
16,5% que los interrumpió volvió a
estudiar luego del embrazo,
y el 41,3% no volvió a
estudiar después del
embarazo. En el área
rural con una mayor proporción
del 65,2% que el área
urbana con el 55,4% respectivamente
Desde
la dimensión política,
social, cultural y
económica.
Pero
más allá de las
cifras, los y las Jóvenes
son productores de sentidos,
de estrategias de sobrevivencia
como culturas juveniles que
provocan una ruptura frente
a lo establecido por la sociedad
capitalista, adultocéntrica,
patriarcal y violenta. Son
ellos y ellas que muchas veces
desde sus cuerpos, sus atuendos,
su enfado, a veces apatía,
nos hablan del desencanto del “progreso”,
del “éxito” y
del economicismo.
Ellos
y ellas desde sus discursos
irreverentes, mensajes de celular
trastocando el idioma, géneros
musicales nos expresan el tipo
de sociedad que hemos construido.
Históricamente
su capacidad de movilización
y adscripción a luchas
sociales los hicieron protagonistas
por el acceso a la educación,
derechos laborales, paz mundial,
medio ambiente, soberanía
económica frente a tratados
y acuerdos de libre comercio,
movimiento alterglobalización,
luchas agrarias, objeción
de conciencia, etc.
Los
y la Jóvenes son nuestro
patrimonio societal que desde
la trasgresión nos interpelan
cambios, replanteamientos como
sociedad. Desde ya son actores
políticos, pero con
seguridad y en una temporalidad
escasa ellos y ellas serán
los políticos y políticas
del país. Cuando hablo
de ellos me refiero a jóvenes
populares, porque si no apuntalamos
la transferencia de poder real
a los actores históricamente
discriminados, como niños,
niñas, jóvenes,
mujeres y ancianos, no podemos
pretender alcanzar una democracia
real, participativa, directa
por tanto, tampoco lograremos
una sociedad más justa,
incluyente, solidaria, no violenta.
Desde
luego, no todos los y las jóvenes
quieren participar políticamente.
Muchos de ellos y ellas han
sido atrapados en la cultura
del consumo. Sin embargo, desde
allí mismo siguen siendo
creadores de símbolos
culturales y de tensiones que
nos golpean. Las y los jóvenes
que se han sumergido en los
estereotipos son esclavos de
llegar a cumplir con esos cánones
estéticos, de estatus,
de acceso a bienes de consumo.
El mercado oferta estos bienes
a la población más
importante para sus ventas,
a costo de que se endeuden,
se hipotequen o simplemente
asalten para llegar a conseguir
esos objetos. Supuestamente
así se sentirán
que son personas que están
dentro del margen, dentro del
molde, de jóvenes productivos,
educados, que consumen y sostienen
la oferta y la demanda.
Los
otros y otras que se salen
del molde, son un peligro,
desordenan la ciudad “ordenada
y moderna”. Son un costo
para el Estado y la sociedad:
las madres adolescentes, los
jóvenes desempleados,
los artistas, los jóvenes
pobres, indígenas, afroecuatorianos…
Esta
visión contrasta con
el hecho de que sí nos
planteamos transformaciones
de la estructura económica
y política, de cambios
de las prácticas culturales
y sociales excluyentes que
se escoden como naturales.
Debemos asumir a los y las
jóvenes como ACTORES
POLÍTICOS Y SOCIALES,
son actores estratégicos
del desarrollo de un país.
En términos económicos,
no se puede dejar de lado la
importancia de invertir en
la población joven.
Más allá de ser
la población económicamente
activa, hay que preguntarse
para quien son productivos, ¿para
un mercado deshumanizante,
o para el desarrollo productivo
del Ecuador? ¿Para que
sean exprimidos y explotados
por transnacionales, o para
que su producción de
riqueza sea la base redistributiva
de la misma? Para esto requerimos
un sistema fiscal que asegure
que con esos recursos se garanticen
los derechos a la educación,
la salud, la vivienda, el tiempo
libre, el trabajo y el empleo
y que existan mecanismos de
exigibilidad de los mismos.
¿Queremos
que esta etapa fundamental
del ciclo vital de los habitantes
de un país siga llenando
los bolsillos de los seguros
privados? O que el Ecuador
se plantee con su población
joven, un sistema de seguridad
social integral, entendido
como un mecanismo concreto
de redistribución del
ingreso, que se base en la
equidad generacional y en los
derechos económicos,
sociales, culturales, políticos
y civiles.
Las
Políticas Públicas
Tú joven,
finge que crees en mis ofrecimientos,
y yo, Estado, fingiré que
algo te ofrezco” (Carlos
Monsiváis, Revista
Nueva Sociedad. Cita tomada
de la Sistematización
del proceso del ANCJuvenil,
elaborada por el Soc. Carlos
Celi.)
Las
escasas políticas públicas
que existen para juventud se
han basado en la cuestión
de la moratoria social. Este
un concepto reduccionista al
basarse únicamente en
la condición etarea
de los y las jóvenes e
incapaz de analizar la complejidad
de la realidad juvenil. Seguramente
las élites juveniles
puedan darse el lujo de tener
un tiempo de preparación
para incoporarse al mundo adulto
y sus sistemas económico,
político y social. Los
y las jóvenes de sectores
populares disuelven este concepto
desde su cotidianidad.
El
otro concepto en que se han
basado las políticas
es en la normatividad y control
de los cuerpos de los jóvenes,
en el alto grado de peligrosidad
con el que son vistos.
Es
muy común escuchar en
nuestra sociedad y sus instituciones
los siguientes términos: “hay
que definir programas y proyectos
para controlar el comportamiento
compulsivo de los jóvenes”, “qué hacer
con el tiempo libre de los
jóvenes”, “qué hacemos
con estos jóvenes de
hormonas alteradas”, “qué se
hace con estos rebeldes sin
causa”…
El
uso del tiempo libre se convierte
en un dispositivo que regula
la venta del tiempo de trabajo,
la fuerza laboral juvenil,
por tanto debe ser utilizada
y controlada. Por tanto, el
joven o la joven, mientras
menos tiempo libre tenga, más
ocupado estará en la
productividad para el mercado.
Desde
este punto de vista, las identidades
y culturas juveniles (cholos,
punks, graffiteros, tecnos,
rockeros, reguetoneros) representan
voces emergentes, donde se
expresan nuevas y distintas
formas de construcción
de lo político (en sentido
amplio, como sistema de relaciones
de poder). Los jóvenes,
desde sus universos simbólicos,
interpelan a las instituciones
convencionales de gobierno
y de socialización política,
planteándoles el desafío
de crear nuevos canales de
diálogo.
El
Mandato Juvenil rebasa la Asamblea
Nacional Constituyente, porque
en respuesta a lo que muchos
adultos y adultas piensan,
los y las jóvenes han
logrado plasmar propuestas
que dan pistas para la política
pública de juventud(es).
A
pesar de que existen una serie
de instituciones encargadas
de formular las políticas
públicas juveniles,
el impacto que han tenido estas
es escaso, pues no cuentan
con un desarrollo sostenido
en el tiempo, y no existe la
participación y la actoría
juvenil necesarias para fortalecerlas y
transversalizarlas en el Estado.
La idea es que se incorpore
las perspectivas juvenil e
intergeneracional en todo el
aparataje estatal.
Por
otro lado, la visión
vertical y centralizada de
estas instituciones, no permiten
que la política pública
se descentralice y realice
una efectiva articulación
entre lo local y lo nacional.
Se
considera fundamental empatar
el ámbito jurídico-normativo
con los niveles de administración
pública encargados de
tomar las medidas para una
ejecución eficiente
de políticas a favor
de la juventud. Así,
se necesita fortalecer la
Institucionalidad de la
Juventud y las articulaciones
institucionales, para que
las instituciones como son:
Ministerios de Salud, Educación,
Inclusión Social y Medio
Ambiente trabajen articulando
la política pública
a nivel intersectorial.
Como
señalábamos al
comienzo, la etapa juvenil
tiene unas características
propias que hacen necesario
que se reconozca esta etapa
vital como etapa autónoma,
y no como mero tránsito
hacia la etapa adulta. En este
sentido, los y las jóvenes
tienen unas necesidades específicas
(aprendizaje social, participación,
construcción de un proyecto
vital, etc.) que requiere de
una atención específica
por parte de un órgano
especializado. El objetivo
en este sentido estaría
centrado en promover la ciudadanía
plena y en fomentar la adquisición
de las competencias y las habilidades
necesarias para su ejercicio.
También
articular la ejecución,
gestión y evaluación
con Municipios, Consejos Cantonales
de la Juventud y, por supuesto
un trabajo conjunto con las
redes juveniles. Tener claridad
y realizar un seguimiento
participativo a las instituciones
estatales es un eje que
puede articular la inclusión
de los jóvenes como
sujetos de derechos políticos,
sociales, económicos
y culturales; es decir fortalecer
la labor institucional para
que pueda ser cumplida a cabalidad,
sin desvincular un eje transversal
de interconexiones institucionales.
Así mismo,
deben generarse amplios
niveles de participación
dentro de las instituciones
estatales, ya que es evidente
la desconexión entre
organizaciones juveniles y
los distintos niveles de toma
de decisión de políticas
públicas. Esto dificulta
el diseño de estrategias
a largo plazo, descentralizadas
y que recuperen las particularidades
locales. Estos
son algunos de los temas y
propuestas que estamos trabajando,
y que han tenido acogida en
la Asamblea Constituyente. Como
Acuerdo Juvenil, hemos visitado
en dos ocasiones a la Asamblea,
y nos hemos entrevistado con
el compañero Alberto
Acosta, Presidente de la Asamblea. Confiamos
que en esta ocasión
queden visibilizados los y
las jóvenes en nuestra
Constitución. No
olvidemos que los y las jóvenes
son la conciencia crítica
de los pueblos.
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