| 6
de junio
de 2008
Alerta sobre agrocombustibles
y transgénicos en la Constitución
Helga Serrano
Sustituir
alimentos por combustible, cuando tanta
gente en el mundo y en el país
pasa hambre, es una cuestión ética.
La búsqueda de la soberanía
energética no puede afectar los
alimentos y la soberanía alimentaria.
Por ello, tenemos preocupación
cuando el Artículo 10 de Soberanía
Alimentaria, que se discute en el marco
de la elaboración de la nueva
Constitución del Ecuador, dice: “Regular
los agro-combustibles”, porque
puede reducirse solo a un simple etiquetado.
Si consideramos
que hay mil millones de carros en el
mundo y hay mil millones de personas
que pasan hambre, no podemos pensar
en convertir el alimento en combustible.
Tomen en cuenta que para producir 25
galones de etanol, se requieren 200 kilos
de maíz. Esto es suficiente para
alimentar un año a una persona.
Se calcula que 12% de la producción
de granos en el mundo y cerca de ¼ de
la producción total de maíz
se transforma en etanol.
La producción de agro-combustibles
ahonda la crisis alimentaria, como lo
estamos viviendo ahora en el mundo. “Estamos
ante una nueva ‘era del hambre’ y
uno se plantea si en las escasas tierras
de cultivo se va a producir maíz
o cereales destinados sólo a llenar
los tanques de los autos.” (Carolina
Morel, Swissaid, Ecuador)
El 28 de mayo de
2008, en la Conferencia “Los
Agrocombustibles agudizan el hambre” realizado
en Suiza, se relacionó “directamente
la producción de agro-carburantes
a los exorbitantes precios de los comestibles
y el daño ambiental.”
Los agrocombustibles,
que son presentados como una opción “bio” o “limpia”,
no tienen nada de eso. Según varios
estudios, la producción de agro-combustibles
ha llevado a la destrucción de
bosques, contaminado el agua y el suelo
por el uso extensivo de plaguicidas.
Ahora están en el negocio de los
agro-combustibles las transnacionales
petroleras.
En la Conferencia
en Suiza se presentó el
caso de Colombia donde en el 2006, se
destinaron 800.000 hectáreas (18%)
a la siembra de productos destinados
a transformarse en agrocarburantes. Al
2010 se aumentará a 921.000 hectáreas.
Esto a pesar que casi el 70% de la población
rural es pobre.
En Colombia, los
campos que antes producían
alimentos y los bosques tropicales que
albergaban una rica biodiversidad, se
han transformado en gigantes monocultivos
destinados a los productos base de los
agrocombustibles.
¿Cuál
ha sido el resultado? (en Colombia)
· Menos
alimentos
· Más hambre y
desnutrición, sobre todo infantil
· Mayor daño ambiental:
ríos contaminados, suelos con
agroquímicos, se pierden especies
vegetales y animales.
· No son bio-combustibles:
requiere de agro-químicos que
causan más daño
· Aumento
de conflictos
· Escasez de leña
y madera
· Emigración a
cinturones de pobreza en las ciudades,
o fuera del país
· Desalojo de comunidades
indígenas y afro descendientes
En el caso de Ecuador,
el Ministerio de Agricultura anunció que 100.000
hectáreas cultivables se destinaron
desde 2007 a la producción de
caña de azúcar y aceite
de palma para fabricar agro-combustibles.
Se han destruido bosques tropicales para
plantar la palma, “lo que significa
una amenaza seria para la población
Awá y las comunidades afroecuatorianas
de la región”, según
Swissaid.
No olvidemos que
Jean Ziegler, ex relator del derecho
a la alimentación
de Naciones Unidas, ya pidió una
moratoria internacional de la producción
de agrocombustibles, adelantándose
a lo que iba a ocurrir.
NO a los transgénicos
Consideramos que
no se puede permitir ni la introducción ni el uso de
transgénicos, así como
la tecnología que atente contra
el derecho a la alimentación.
Recordemos que los transgénicos
son alimentos obtenidos por manipulación
genética y que la introducción
de genes nuevos en los alimentos provoca
alteraciones impredecibles en el resto
de cultivos y la producción de
sustancias tóxicas. Es además
un proceso irreversible, es decir, la
contaminación genética
se reproduce a sí mismo.
La comercialización de alimentos
transgénicos es un acto irresponsable
porque, si actuamos bajo el principio
de precaución, y aún no
se conoce todo el impacto en la salud
humana de su consumo, es preferible la
prevención. Por otro lado, se
produce una alteración en los
alimentos, al tiempo que tienen un alto
uso de pesticidas.
Por otro lado,
la extensión de
cultivos de transgénicos pone
en peligro la biodiversidad del planeta,
aumenta la erosión y la contaminación
de otras plantas y potencia el uso de
herbicidas.
Por ello decimos:
no a los transgénicos,
ni para el cultivo, ni en nuestros alimentos.
Y por ello nos preocupa cuando el Articulado
sobre Soberanía Alimentaria dice: “Proteger
a la población del consumo de
alimentos contaminados y la introducción
de organismos genéticamente modificados.” Creemos
que no es suficiente decir “proteger”,
porque pudiera ser solo con etiquetas
en los productos.
La soberanía
alimentaria como derecho
La producción de alimentos para
la autosuficiencia, es una política
fundamental para garantizar que no dependamos
de otros países para nuestra alimentación.
Incluso el propio Presidente de Estados
Unidos, George Bush, alerta a su pueblo
cuando dice: “¿se imaginan
un país que dependa del exterior
para su alimentación?” Pues
precisamente esto es impensable, cuando
tenemos enormes posibilidades de ser
auto-suficientes en Ecuador.
No podemos depender,
como en el caso del trigo, de la producción de
otros. Ya estamos viendo lo que ocurre
en México que desde la firma del
Tratado de Libre Comercio de Norte América
ha subido el precio del maíz,
producto de consumo básico de
la población. En el año
2007 se produjo el “Levantamiento
de la Tortilla”, después
de que el precio aumentara en 400%.
Para asegurar la
soberanía alimentaria
como un derecho, es necesario privilegiar
la producción de las pequeñas
economías campesinas que alimentan
a las ciudades. Debemos promover la producción
de alimentos de manera sostenible en
armonía con la naturaleza, lo
que implica el uso de la agricultura
orgánica, el compost, el abono
orgánico.
Sugerimos que en
el Artículo
1 del texto presentado se incluya lo
siguiente: “El Estado ecuatoriano
reconoce, garantiza y promueve la soberanía
alimentaria como el derecho de las personas,
las comunidades y los pueblos a definir
sus propias políticas y estrategias
agropecuarias, pesquera, alimentarias,
de tierras y agua, para alcanzar la autosuficiencia
alimentaria”.
Esto tiene coherencia
con lo que estamos planteando en torno
a la soberanía
nacional. Además, para asegurar
la soberanía alimentaria, se requieren
recursos, por lo cual también
sugerimos añadir en el articulado: “Garantizar
el acceso equitativo y uso sustentable
de los recursos productivos necesarios
para la producción de alimentos.
Garantizar a la pequeña agricultura
nacional, a la pesca artesanal, el acceso
a la tierra, el agua y otros recursos
productivos.”
Otro tema fundamental
es garantizar el “libre uso de semillas”,
como se plantea en el Artículo
9, porque ahora se venden semillas que
se autodestruyen, y que tienen un alto
costo por cuanto se venden bajo el régimen
de propiedad intelectual.
Es necesario recuperar
los saberes ancestrales, mantener la
agro –biodiversidad,
y proteger y potenciar nuestras propias
semillas –como patrimonio de la
soberanía nacional - y nuestro
futuro.
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