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Desterrar el autoritarismo, el verdadero terrorismo

Una masacre. Más de 1200 muertos, cinco mil heridos. Niños, niñas, mujeres y jóvenes víctimas del ataque israelí a Gaza. El 90% de los muertos y heridos son civiles y la mitad son niños y mujeres. El mundo llora los muertos, junto al pueblo palestino. Los pueblos del mundo se movilizan con indignación frente a la indiferencia de los gobiernos que se niegan a ver la masacre, a denunciar la masacre, a detener la masacre. El ataque israelí se inicia días después de la Navidad, cuando el mundo celebra la paz, y continua como una bofetada en el año nuevo. Estados Unidos rechaza cualquier condena a su aliado Israel, convirtiéndose así en cómplice de crímenes de lesa humanidad.

El autoritarismo en su más alta expresión, la masacre. Desde 1967 que Israel ocupó territorio palestino, un millón quinientos mil personas fueron arrancadas de su hogar, arrinconadas en la franja de Gaza. La resistencia a la ocupación israelí ha sido permanente, en una lucha desigual contra el poder de las armas y de la impunidad. El bloqueo, la demolición de casas, el desalojo, la humillación, los puestos de vigilancia, son algunas de las armas que utiliza el poder israelita contra los palestinos, cuando no recurre a la masacre.

El autoritarismo también se expresa cuando el poder responde con la represión al derecho legítimo de los pueblos a la resistencia. En las últimas semanas hemos visto cómo se ha intentado detener las demandas de indígenas, mujeres, campesinos, jóvenes y ecologistas contra la minería, conociendo los graves impactos para el agua, los cultivos y la vida misma.

El autoritarismo está presente en la militarización de la vida y de la sociedad. Es una visión verticalista, impuesta para “mantener el orden”. En los últimos dos años, se han denunciado 1416 casos por abusos de la policía, que incluye tortura, asesinatos extrajudiciales y detenciones arbitrarias. Hasta hace poco, los militares, privilegiados, eran los “guardianes del orden constitucional” y desde ese poder, ponían o quitaban Presidentes, por sobre los otros poderes del Estado. Obligaban, además, a los jóvenes a cumplir la conscripción.

El autoritarismo lo viven jóvenes, niños y niñas que asisten todos los días al colegio y la escuela, donde el profesor ordena y los estudiantes obedecen. Se los humilla, incluso revisándoles el color de la ropa interior. Entran al colegio con una pulsera que el inspector corta y bota a la basura. Entran al colegio a escuchar los gritos de la inspectora que les dice que deben respetar que otros jóvenes están en clases, mientras la inspectora sigue gritando, y los jóvenes mirando al suelo. Entran al colegio donde les obligan a cortarse el pelo. Les dicen cómo vestir, cómo hablar, cómo pensar, o no.

El autoritarismo se vive también en el hogar: hay abuso, maltrato, dolor y humillación. El padre pega, la madre grita. Un espacio para el encuentro, la ternura, el abrazo, el diálogo…esto es lo que esperan los y las jóvenes en su hogar, y sí que lo disfrutan quienes pueden vivir esto el día a día. Todo este tipo de abusos son fruto de una sociedad adulto-céntrica, desde los adultos que ejercen el poder.

El autoritarismo es el asesinato y maltrato de niños y niñas. Y mirando todo lo escrito en este número de la SAKU DT sobre el autoritarismo, lo que causa mayor dolor es la imagen de un niño ensangrentado, asesinado, por un misil lanzado por un Estado genocida. En la portada de nuestra revista, un niño mirando al sol, aunque sea dibujado con tiza, nos mueve a trabajar por desterrar el autoritarismo, el verdadero terrorismo.

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Viviendo en una sociedad autoritaria y militarizada
Belén Yépez*

Existen muchas formas de violencia, seguramente eso lo hemos escuchado frecuentemente, es tan frecuente, que esa frase, a ratos, carece de sentido. Acabamos de pasar la Navidad, la fiesta de los niños y niñas se dice, pero vayamos haciéndonos una imagen mental de la noche del 24 de diciembre, al menos en mi casa la cosa es así. Toda la familia reunida, las y los primos que van desde los y las adolescentes que se encierran en las habitaciones a ver televisión o a hablar por teléfono, hasta los niños y niñas pequeños que corretean por todos lados ansiosos porque se les permita abrir sus regalos. Mucho ruido, los y las niñas son los que indirectamente o, en muchos casos, directamente, son los más agredidos en estas reuniones familiares. Nadie los escucha, nadie les presta atención, nadie quiere jugar con ellos, los obligan a comer la sopa cuando el resto come otras cosas. Los hacen esperar hasta media noche para recibir sus regalos, si “no se portan bien” no tendrán obsequios. Mucha tortura para ser Navidad.

En el día a día es similar, la opinión de los niños, adolescentes y jóvenes no es escuchada, no es tomada en cuenta. Los y las adultas creen saber, siempre, qué es lo mejor. Seguramente su vida les da mayor experiencia, pero hay cosas que los y las jóvenes sabemos como hacerlo o al menos en ese momento creemos que es lo mejor. Y muchas veces, los adultos, recurren al autoritarismo para logra que hagamos “lo correcto”.

“El autoritarismo se explica en el marco de una cultura de violencia, vivimos en una sociedad en la que se ha naturalizado la violencia como una forma de relación y de control del poder, entonces, el autoritarismo es controlar el poder a través de la violencia” nos dice Henry Betancourt, Director de la Filial Quito de la ACJ. Él nos dice que vivimos en una sociedad que funciona bajo disciplina policíaca, donde las reglas ya están hechas desde arriba. En realidad es así, hace algún tiempo cuando veía la película “The Wall”, me impresionaba el “amaestramiento” que sufrimos en las instituciones educativas. ¿Alguna vez en alguno de los colegios en los que nos educamos, nos preguntaron si el uniforme nos gustaba o al menos si nos resultaba cómodo? Seguramente no. No podemos decidir ni en algo tan simple como eso, nuestra propia comodidad. Y no es solo eso, nos dicen qué hacer, cómo y en qué pensar… como escribir en nuestros cuadernos.
Nos encontramos con prácticas autoritarias en todas partes, cuando nos acercamos a la ventanilla de una institución pública por ejemplo, la persona que se encuentra detrás del cristal cree tener “el poder” de hacer con nuestro trámite o pedido, lo que a ella le parezca. Es su forma de mantener su poder, de demostrar que es “superior”.

Reformatear el disco duro de la sociedad

Henry nos recuerda que “hay que trabajar en como reformatear el disco duro de una sociedad que se ha construido en violencia”. Pero esto no resulta tan fácil, hay que entender algunas cosas y plantearnos otras para poder pasar de esta sociedad violenta y autoritaria a otra distinta, igualitaria.

“Hay que ver que los eventos violentos son parte de un reclamo de los jóvenes hacia una sociedad que violenta y excluye… por eso es importante crear espacios alternativos de interacción juvenil, donde se construyan acuerdos y solucionemos nuestros problemas sin violencia, discutiendo, reflexionando, expresando lo que sentimos.” El autoritarismo nos ha negado la posibilidad de decir lo que creemos y sentimos, nos han enseñado a obedecer, a decir “si señor”, a tragarnos las lágrimas y los gritos desesperados. Cuando los y las jóvenes deciden rebelarse y gritamos más alto, nos dicen altaneros, groseros, mal criados, delincuentes; la lista de calificativos es larga. Posiblemente muchos terminan por dejar de gritar y seguir siendo parte de esta sociedad militarizada, en la que unos mandan y otros obedecen.

Posiblemente es en los colegios e instituciones educativas donde nos sentimos más violentados por estas prácticas autoritarias. Pero realmente no son los únicos espacios, también en la familia y por la propia sociedad cuando existe hambre, desempleo, desigualdad, injustica.

Las tasas de violencia también son un termómetro de lo que ocurre en nuestra región. Según un estudio realizado por la Red de Información Tecnológica Latinoamericana (RITLA) denominado de la Violencia, los jóvenes de América Latina 2008’, los países con mayores tasas de homicidio de jóvenes de 15 a 24 años, en América Latina son: El Salvador (92,3 por cada 100.000 habitantes), Colombia (73,4), Venezuela (64,2), Guatemala (55,4) y Brasil (51,6). En Estados Unidos esa tasa es de 12,9, en Sudáfrica es de 16,6; mientras que en Holanda es de 2,4 y en España de 1,1”. Esto demuestra que la violencia está en nuestro día a día.

“Es una sociedad militarizada, para cambiar, tenemos que iniciar a desmilitarizar las relaciones. En el colegio, el inspector es un sargento y cumple ese papel, disfrutan de los castigos a los jóvenes. En una sociedad adultocéntrica donde se cree que el adulto es el dueño del poder y donde se invisibiliza al joven, es necesario trabajar no solamente con los y las jóvenes para combatir el autoritarismo, sino con los adultos también”, dice Henry.

Pero no se queda solamente en la violencia que ejercen las “autoridades” dentro de los centros educativos. Los y las estudiantes de los primeros años, en cualquier centro educativo son agredidos, humillados y maltratados por los estudiantes más grandes.
No recuerdo haber vivido eso en carne propia, para mi el acoso escolar siempre fue algo que se mostraba en las series de televisión, pero con mucha indignación, hace poco, le escuchaba contar a una pequeña de 6 años, lo tortuoso que puede ser para ella ir a la escuela, porque los otros niños, los mayores, la golpean, le quitan sus colación arrojan sus cuadernos al suelo.

En una encuesta realizada por el Instituto Nacional de la Niñez y la Familia, INFA, y el Defensa de los Niños Internacional, DNI Ecuador, a niños, niñas y adolescentes del país, el 43% de las personas encuestadas denuncia haber sufrido mal trato por sus compañeros y profesores. De la misma forma, el 47% de los niños y niñas dicen que en sus escuelas existe racismo. Pero este no es un problema solo de nuestro país, en España por ejemplo 45 de cada 100 estudiantes dice haber sido maltratado por sus compañeros al menos una vez y 25 de cada 100 maltrato constante, esto según un estudio realizado por el Instituto de Innovación Educativa y Desarrollo Directivo.

Posiblemente es complicado generar espacios de diálogo y de acuerdos en nuestros hogares, posiblemente porque nuestros padres vivieron también en una relación adultocéntrica y autoritaria, pero intentemos abrir los espacios, de generar ese clima de confianza y cariño. El autoritarismo es una forma actuar dentro de las relaciones, por lo tanto es posible ir cambiando las relaciones.

Intentemos ir creando estos espacios alternativos de convivencia, con relaciones más horizontales, en las que la autoridad sea el que represente los intereses de la mayoría y se maneje bajo esos principios. Si vamos cambiando en nuestros espacios organizativos, en nuestras relaciones de pareja, en nuestro convivir con nuestras familias y amigos, también tenemos que influir en la situación política, en el autoritarismo de la policía, el ejército y los medios de información. No olvidemos que tenemos que hablar y actuar, que nuestra voz y lo que tenemos que hacer es importante, no nos callemos, no siempre obedezcamos. S

*Promotora Nacional de Comunicación ACJ Ecuador

 

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Autoritarismo en el colegio: Mientras el sistema
nos enseña lo “justo”, es el más injusto

Martín Tamayo S.*

Podría pensarse que la represión o intimidación en el colegio son cosas del pasado. Pero no es así. En el 2009 sigue reinando el mismo modelo de represión que ha marcado la educación desde el siglo XIX.

Por concepción se cree que los profesores son pacifistas, abiertos al diálogo con los alumnos y alumnas, comprensivos y tolerantes. Pero no es así. No practican lo que predican. He conocido a muchos profesores y profesoras. Entre ellos, algunos jamás han sido padres o madres y parecería que ni remotamente han tenido afecto hacia algún niño o joven en especial.

Desde mi punto de vista, es difícil lidiar en el colegio con problemas de otros jóvenes, cuando ellos nunca han tenido esos problemas en sus casas con sus propios hijos. Es por eso que la solución más fácil para un profesor cuando hay un “elemento perturbador” en la clase es castigarle de la manera mas “ejemplar” y excluirlo, sin jamás buscar entender cual es la razón de su proceder. Un profesor talvez puede creer que gracias a un castigo ejemplar a un “revoltoso”, va a evitar que otros alumnos imiten esta forma de actuar y logre entonces restablecer el “orden” en la clase. Pero ese profesor nunca se preocupa por ese alumno “revoltoso”, que es el que de verdad necesita ayuda. La solución más fácil para ellos es excluir y despreciar a esta persona, pero no es la correcta.

En mi caso, fui llamado un “líder negativo” desde segundo curso y este estigma me siguió durante toda la secundaria. En el colegio nos enseñan a no juzgar ni discriminar a las personas. Pero he aprendido que esto no funciona así por parte de los profesores y profesoras.

A finales de tercer curso decidí cambiar de actitud. Pero mi primer día de clases en cuarto curso comenzó con una sorpresa, teníamos una nueva profesora de inglés. Jamás había visto a esta persona en mi vida y las primeras palabras que me dirigió esta “educadora” fueron: “cuídate de mi, yo te conozco y se todo de ti”. Estas palabras me sorprendieron y se me fueron las ganas de cambiar de actitud.

Así pasó toda mi secundaria, entre malos ratos y mucha impotencia al ver que nos enseñan valores de ética y democracia, cuando un alumno en el colegio es un simple peón sin derecho a la defensa. Vi como por los mismos actos que yo había sido castigado, otros alumnos (por favoritismo o buenas notas), jamás fueron castigados.

Cuando me llamaba la inspectora para alguno de los muchos castigos que recibí, mi versión de los hechos jamás fue tomada en cuenta en el momento del castigo. Jamás fui escuchado, siempre fui reprimido. Es fácil darse cuenta que el sistema que nos enseña lo “justo”, es el más injusto de todos.

* Estudiante universitario, graduado de un colegio particular en 2008 en Quito, Ecuador.

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Un día en mi colegio
Elizabeth Palma*

El colegio es una linda etapa, vives muchas cosas chéveres, pero también algunas que no lo son tanto. Hay días en los que parece que todo sale mal. Les voy a contar lo que pasó.

Me levanté muy contenta, aunque había amanecido frío. Mi mami me dio el desayuno y después tomé el bus para ir al cole.

Llegando, saludé con mis compañeras de clases. Todo marchaba bien, las dos primeras horas de clase habían sido divertidas. A la tercera nos tocaba física. Creo que ese día el licenciado estaba de mal genio. Pasó junto a mi y vio mis uñas. Ese día las tenía pintadas y largas, súper grosero me dijo “cree que está en una fiesta, la próxima clase me viene con las uñas cortas y sin pintar, ustedes saben que el reglamento del colegio no lo permite.” Luego vio que estaba con otra chompa, que me puse justo por la lluvia. Me agarra de la chompa y me sacudió diciéndome “señorita quítese esa chompa que no es del colegio, si le vuelvo a ver con algo que no sea parte del uniforme, le quito y no le dejo entrar a mi clase”.

Fue muy desagradable la actitud de ese licenciado, me sentí agredida, como si el color de mis uñas me hiciera menos inteligente.

A la séptima hora nos tocaba literatura. Como ya casi era hora de salir del cole, una compañera se había maquillado porque tenía algo que hacer a la salida. En cuanto la licen se dio cuenta, le dijo: “y usted mija, que hace pintada así, parece payasa, está muy joven para que se pinte, eso lo hacen las mujeres adultas para cubrirse las patas de gallo”. La envió a quitarse el maquillaje y nadie dijo nada, porque si no comenzaba con sus historias y relatos, esos que ni hablar….

Si nos detenemos un rato a ver lo que pasa en nuestros colegios, nos damos cuenta que existe mucho autoritarismo y discriminación, los profes creen que son superiores a tal punto que creen saber como una debe o no vestirse o presentarse. S

* Filial Santo Domingo ACJ Ecuador

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¿En la universidad somos más libres?
Eddy Vera*

La universidad parece interesante cuando crees que terminas el colegio, cuando te imaginas mayor libertad, menos reglas y la posibilidad de vernos como nos gusta. El paso del colegio a la universidad pareciera significar una despedida al autoritarismo, pero cuando estás en una ciudad donde la educación es un negocio y no tienes Universidad gratuita que cumpla las necesidades de los y las jóvenes ¿qué se hace? Pues solo escoger lo mejor de lo que tienes.

Por la falta de infraestructura que existe en Santo Domingo, algunas universidades comparten sus instalaciones con los colegios. Este es el caso de la UNIANDES. Eso sería lo de menos, si en realidad su lógica de funcionamiento fuera otra; al parecer el edificio hace que las prácticas también sean represivas. Al momento de la matrícula, te hacen leer y firmar una carta compromiso, pero nunca te entregan una copia de eso, dicen que está prohibido. Entre los “compromisos” se encuentran: no hacer escándalos dentro de la universidad, no tener el pelo largo, no vestirse informalmente; para las pruebas, usar traje elegante, acogerte a las decisiones tomadas por la universidad (sean cuales sean), no entrar con gorra…
No puedes contradecir lo que los profesores te dicen, ellos son los que tienen la razón, porque “tú no tienes conocimientos”. Así como no te permiten vestir con libertad, no puedes pensar con libertad.

Aquí, la educación no es un derecho, es un negocio. Te dan “facilidades” para pagar el semestre, pero si no cancelas a tiempo una pensión, no puedes dar pruebas porque no consta en el listado que tiene el profesor para tomar exámenes. Para solucionar esto, tienes que hacer un trámite que te cuesta 2 dólares que es como “un derecho que compras” para que el profesor te tome la prueba y asiente la nota. En la U, todo es un trámite, tienes que comprar siempre solicitudes de 2 ó 3 dólares para cualquier cosa, inclusive para justificar tus faltas.

A ratos parece una prisión. No puedes salir de ahí así tengas una emergencia, porque los guardias de seguridad, que evitan los robos, también evitan que salgas. Claro, no son nada amables, se montan en una pose de arrogancia y derroche de autoritarismo.

Todo lo que hacen y dicen está amparado en que son una universidad privada, por lo tanto no se puede hacer ni decir nada. ¿Será que la cosa es diferente si Santo Domingo contara con una universidad pública? Los y las jóvenes queremos una universidad  estatal que brinde la oportunidad de continuar los estudios superiores sin la necesidad de alejarse del hogar, la ciudad y provincia. Una universidad para todas y todos, sin distingo de condiciones sociales y/o económicas, que no requiera el endeudamiento de los futuros profesionales o sus familias. Una universidad de calidad, que responda a las necesidades y fortalezas de la región, que reconozca la importancia de innovar y emprender nuevas áreas. Una universidad laica, humanista que brinde educación pero que no adoctrine, que construya los saberes conjuntamente, que permita el desarrollo del pensamiento y que promueva sujetos libertarios.

*Responsable Juvenil ACJ Filial Santo Domingo

 

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Universidad-Escuela
Rosa María Torres**

Cuando estaba en el último año de la Licenciatura en Ciencias de la Educación tuve una profesora a quien, aquí, para los fines del caso, llamaremos la Doctora N. Su clase era una de las más odiosas y tediosas: no bien entrábamos al aula empezaba un monótono dictado, impertérrito a la bulla, al aburrimiento de los estudiantes y, sobre todo, a las normas más elementales de la pedagogía moderna.

Dictaba de un cuaderno espiral desvencijado, por el cual debían haber pasado generaciones enteras de estudiantes, hoy profesores. El cuaderno tenía en la portada un paisaje recortado de alguna revista y estaba cubierto de un forro de plástico azul que, con los años, se había vuelto verdoso. Una compañera y yo muchas veces fantaseamos con la idea de hacer desaparecer el cuaderno, pero jamás nos animamos, creo que básicamente por razones humanitarias. ¿Qué habría hecho la Doctora N sin él?. Habría equivalido a despojarla de su herramienta fundamental de trabajo.

Dictaba lentamente, palabra por palabra, anticipando cambios de color de tinta del bolígrafo, para destacar los títulos, detallando comas, puntos y comas, puntos seguidos y puntos aparte, haciendo las debidas pausas para asegurarse que nosotros, estudiantes universitarios, no nos quejáramos de la prisa y tuviéramos nuestros apuntes uniformes y prolijos.
Debo decir, en honor a la verdad, que le debo a la Doctora N y a su clase muchas de las mejores lecturas que hice por esos años. Sentada en la última fila, a escondidas, debajo del pupitre, mientras simulaba tomar el dictado, aproveché para leer cosas que realmente me interesaban.

Al acercarse el fin del semestre y, con él, los ajetreos de la tesis y el grado, la Doctora N nos informó que una condición para presentarse al examen final de su materia era entregarle el cuaderno de apuntes al día. Anotó en la pizarra algunas instrucciones específicas sobre cómo hacerlo: cuaderno espiral de 100 hojas, forro de papel con membrete y cubierto con forro plástico, títulos en rojo y subrayados, una línea libre antes y después del título, fecha al inicio de cada clase, nuevo tema en nueva página, etc.

No recuerdo exactamente el tiempo que me tomó hacer la tarea, pero sí recuerdo haber experimentado, junto al disgusto y la sensación de ridículo, un sentimiento extraño de haber vuelto, momentáneamente, a la infancia. Para estar a tono con esta nostalgia escolar, dibujé una linda carátula en la primera hoja y hasta pegué en la pasta el cromo de un osito. Pude, así, presentarme al examen y, más tarde, graduarme de Licenciada en Ciencias de la Educación.

Esto fue hace más de 15 años. El otro día, mientras estaba tomando café en una cafetería cercana a la Universidad, ví detenerse frente a la ventana un cuaderno espiral con paisaje, forrado con plástico azul-verdoso-amarillento. Inconfundible. Lo llevaba a cuestas la mismísima Doctora N, algo más deteriorada que entonces, al igual que su cuaderno, dirigiéndose a paso firme hacia la Universidad. S

*Publicado en Familia, El Comercio, Quito, 26/8/1990.
**Instituto Fronesis. Moderadora Debateducación

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¿Cabellos cortos, ideas grandes?
Belén Yépez*

El respetar a la autoridad, el ser obediente, el portarnos bien. Seguramente estas frases nos suenan muy familiares. ¿Desde hace cuanto tiempo están en nosotros? ¿Qué nos enseñan en la escuela? Entre otras cosas, a pasar 6 horas sentadas y sentados muy quietos en una banca dura, frente a un pizarrón. Nos enseñan a no pensar, solo a repetir, a que existe solo una verdad. A que lo correcto es lo que dicen los adultos.

En las tiendas de ropa para niños por ejemplo, se ven caras tristes, llantos, enojo, porque los padres, desde pequeñitos, nos ponen la ropa que ellos creen que es la mejor, la más linda, la que nos hace ver como niños y niñas de bien. “Hay que ser y parecer”, dice un dicho popular.

¿Pero quién dijo que el “parecer bueno”, estaba relacionado con vestir de terno, cabello peinado hacia atrás, zapatos de suela? O ¿quién dijo que para ser bueno, hay que estudiar en la universidad, ser serio, calmado, casi no expresar tus emociones?

Probablemente para muchos de los y las adultas, les resulta extraño encontrarse en las calles con jóvenes con un “look” extraño, algunos con el cabello de colores y de distintos largos, otros que lo usan siempre largo y visten de negro, otros que tapan su rostro con él y usan ropa de cuadritos en blanco y negro. Cada quien desde su diversidad dice vivir y disfrutar de su identidad cultural. Todos estos jóvenes “diferentes” pertenecen a un grupo que tiene unas características particulares, que entiende la vida de una forma especial, que cree en diferentes cosas y hablan distinto. Entonces, ¿son o no una cultura?, seguramente sí.

¿Un reglamento vale más que la Constitución?

La nueva Constitución de la República reconoce que somos un país pluricultural, por tal motivo, el Art. 21 dice: “las personas tienen derecho a construir y mantener su propia identidad cultural, a decidir sobre su pertenencia a una o varias comunidades culturales y a expresar dichas elecciones; a la libertad estética; (…) a difundir sus propias expresiones culturales y a tener acceso a expresiones culturales diversas”.

Constitucionalmente tenemos derecho a ser parte de las culturas urbanas, a lucir de acuerdo a nuestra propia estética y no existe ninguna otra ley o norma que esté sobre la Constitución. Pero al parecer, en algunos lugares, se les olvida que también tiene que cumplir con estas disposiciones.

En una universidad privada de la ciudad de Riobamba, creyeron que su reglamento interno puede estar sobre la Carta Magna y creen que se puede privar del derecho a la educación a los y las estudiantes, si no lucen, “como personas de bien”.

Este es el caso de Hugo Moscoso, un joven que pertenece a la comunidad Rockera de Riobamba. Él pretendía seguir su carrera universitaria en Turismo, pero como a muchos jóvenes, para poder pagar su carrera les toca trabajar, Hugo se dedica a la música, forma parte de una banda de rock, llamada “Democrisis”.

Hugo fue a matricularse en la universidad UNIANDES de la ciudad de Riobamba, como todas y todos los otros estudiantes Hugo hizo los trámites respectivos, pagó su matrícula, presentó los documentos y demás requisitos. Hasta ese momento todo marchaba correctamente.

Algunos días después regresó a la universidad para solicitar una documentación que le pedían en el Instituto Ecuatoriano de Crédito Educativo, IECE. Ahí se topó con una gran sorpresa, para poder ser estudiante de esa universidad, tenía que firmar un contrato, el mismo que debía cumplirlo a cabalidad. Entre las restricciones que se presentaban, estaba la de no llevar el cabello largo.

“Me dijeron que ningún estudiante puede tener pelo largo y que debo asistir vestido formalmente para poder ir a clases” comenta Hugo cuando nos cuenta lo que le sucedió. “Yo envié un oficio a la universidad diciendo que no podía cumplir con este requisito debido a que era parte de la estética de la banda en la que trabajaba, pero a ellos pareció no importarles”.

Molesto por todo lo que sucedía decidió denunciar este acto discriminatoria por lo que recurrió a la Defensoría del Pueblo en Riobamba. “Al inicio no me hicieron mucho caso ahí tampoco, pero luego se inició un tramite, mandaron cartas y oficios, a esto la universidad respondió que es parte de su reglamento interno y que tiene que cumplirlo” nos dice. Lo que logró la Defensoría del Pueblo con su intervención fue devolver el costo de la matrícula de Hugo. En el comunicado que la universidad envía dice que “por respeto a al colectividad, los estudiantes de la UNIANDES deben estar vestidos formalmente y llevar el cabello corto” comenta.

Otras instituciones y organizaciones como el Ministerio de Cultura y el colectivo Diablo Huma y las culturas suburbanas de Riobamba han respaldado esta demanda. Hugo ahora se encuentra estudiando en un Instituto de su ciudad. Aunque él ya no quiere asistir a esa universidad, cree que es necesario seguir con esta lucha, pues lo que a él le pasó no ha hecho que cambie la política de la universidad. Pero considera que la Constitución se debe cumplir. S

*Promotora Nacional de Comunicación ACJ Ecuador

 

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¿Estás a la moda o en la resistencia?
Yana Jatari*

Vas caminando despacio, sin ganas de sonreír. A tu alrededor te muestran la variedad de productos que puedes comprar para estar a la moda. Miras la televisión, te invita a vestir una infinidad de prendas, cosméticos, zapatos, accesorios que te harán conquistar el mundo. Bueno ahora también te venden la moda alter; no se te olvides llevar algo que tenga la cara del Che: camisetas, mochilas, billeteras y etc., etc. o un signo de anarquía, o pantalones apretados o una cresta neo punk. Enciendes la radio, te ayudan a elegir la música que debes escuchar entre vallenatos, bachatas, el pop de moda y hasta un poco punk, ska entre otritos que ya se están comercializando a full. Estás en el colegio o la U; la gente te observa para ver si tu vestuario es adecuado y al último grito de la moda.

Te has preguntado alguna vez: ¿Qué es lo que se encuentra detrás de algunas prendas alter que posiblemente tienes en tu guarda ropa? Si lo revisas, encontrarás algunos artículos que tienen cuadros bicolores blanco y negro, unas converse, unos pantalones tubo y en especial algo que tenga la cara del Che entre otros. Y si buscas entre tus discos encontrarás algunos de SKA-P o de RAMONES.

Posiblemente se deba a que durante las últimas décadas se ha producido un fenómeno parecido al estancamiento en l@s sujet@s jóvenes; el cual responde a la arremetida de los medios de comunicación orientados a la globalización, a la homogenización promovida por el sistema y al consumismo impuesto por el mercado. Este fenómeno ha producido una especie de apatía en las juventudes, sin dejar de tomar en cuenta a varios movimientos de resistencia y otras alternativas culturales que han emergido a partir de los años 60s. Se han mantenido para defender y defenderse de las contradicciones del sistema.

Las tribus urbanas son parte de estas resistencias, aunque algunas veces han sido victimas más allá de la estigmatización del mundo adulto, de algo peor, la mercadotecnia del comercio; que vende su imagen obviando sus simbolismos, significados, significantes, propuestas y sobre todo aplastando sus luchas. Obliga de esta manera a la mayoría de jóvenes a participar en el juego de la ignorancia, comprando, vistiendo y pensando como nos impone la moda. Captura símbolos de resistencia para convertirlos en artículos de temporada, venderlos y prostituirlos; de esta manera mantiene controladas las manos y las mentes de quienes pueden construir su propio presente.

Las culturas urbanas o tribus urbanas se encuentran coexistiendo con nosotr@s, compartiendo nuestras aulas de clase, los buses del transporte urbano, las calles, las plazas, los parques. Aunque existen y se encuentran desarrollándose especialmente en las grandes ciudades esto no quiere decir que tod@s tengan bien claro el panorama del significado político que conlleva ser parte de estas.

La mayoría de gente piensa que las culturas urbanas únicamente están vinculadas a la violencia, las drogas y el alcohol, pero las culturas urbanas también son parte de esa resistencia frente a un sistema que te anula si eres diferente, son parte de nuestras movidas juveniles, son jóvenes como nosotr@s viviendo cada día frente a la presión de un mundo adultocéntrico, y son como nosotr@s las víctimas de un otricidio que aun no termina de fallecer.

De esta premisa parte la importancia de sacar del olvido a las luchas de las que somos producto, recobrar la memoria de donde venimos y hacia donde vamos, entender la importancia de ser sujetos y sujetas históricas, de vivir, caminar y construir con consciencia en un mundo donde ya no se cometa el crimen de ser diferente y que se pague con la discriminación, el olvido y el estigma.

Cada vez que compremos un disco, una camiseta o algún símbolo que nos parezca bonito y de moda, tratemos de investigar su significado y las luchas que se llevaron a cabo para llegar a crearlo. No dejemos que el capital nos comercialice los sueños, las resistencias y nos anule la capacidad de recordar para poder caminar.

El pasado mes de agosto, durante la celebración del Guambra Raymi en la provincia de Imbabura, se organizó un campamento juvenil de culturas urbanas en Antonio Ante. Las organizaciones juveniles organizadoras de este evento cumplieron todos los requerimientos de la Municipalidad para llevarlo a cabo. Un día antes del campamento, las autoridades locales impidieron la realización del mismo, argumentando que la población del cantón se oponía a que jóvenes de las culturas urbanas ocupen el espacio público. Los y las jóvenes de las organizaciones del cantón y de la provincia, pese a este rechazo de las autoridades y exclusión de la sociedad, decidieron continuar con su evento en el que participaron alrededor de 20 jóvenes de distintas culturas.

 

* Red de organizaciones juveniles de Imbabura ROJI

 

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En blanco y negro: ¿Qué es la apariencia?
Cristian Cunalata*

Dicen que la realidad tiene dos lados, mejor dicho, al menos tiene dos versiones. Es por esto que queremos contrastar la versión de un inspector de colegio, con una estudiante, respecto a nuestra apariencia dentro de la institución. Hemos escogido este tema, porque creemos que es aquí donde nos sentimos violentados frecuentemente. Luego de algunos intentos por conseguir la versión de las autoridades (que dicen que no están autorizados a hablar), hemos logrado evidenciar lo que piensa un inspector y una estudiante.

Lo que dice un inspector
Una autoridad es una persona que está encargada de un mando o control de alguna actividad. Por su parte el autoritarismo es abusar de esa autoridad y maltratar a una persona que está bajo su mando.

Yo considero que los estudiantes de esta institución respetan a las autoridades del colegio. Predomina el respeto mutuo.

Pese a ser autoridad, yo no me considero autoritario porque lo que yo hago es, simplemente, cumplir y hacer cumplir la ley; la ley de educación y la ley del colegio.

Con respecto a al apariencia de los y las estudiantes, académicamente no tiene ninguna influencia, simplemente tienen que cumplir el reglamento, es decir, asistir “correctamente al establecimiento”. Solo por eso se les trata de corregir, están en edad de corregir.

Nosotros como autoridades de los colegios, siempre tratamos de irnos a los reglamentos internos, a la ética del campo educativo porque dentro de los establecimientos no se trata de que se rieguen estas modas, no son nuestras, si no son de afuera. El pelo largo solo lo llevan la gente indígena, por ejemplo, ellos deben llevarlo porque es su cultura, una tradición, son ellos, nosotros siempre debemos llevar el cabello corto.

Personalmente desconocía el texto del Art. 21 de la Constitución, sin embargo, creo que todo lo que está bajo ley, todo lo que está escrito vale, hay que respetar. En estos últimos tiempos, se está trabajando con respecto a los códigos de convivencia, para mediar estos artículos con los artículos del colegio, la ley de educación y estos numerales.

Simplemente lo que hay que hacer es conversar, entre estudiantes profesores y padres de familia y llegar a un acuerdo. Sin llegar a la exageración de dejarles que vengan como ellos quieran. Nosotros también podríamos cambiar, pero siempre conversando y llegando a un consenso.

Lo que dice una estudiante
Mi nombre es Jennifer García, estoy en 6to. Sociales del Colegio Nacional Tarqui, ubicado en el Sur de la ciudad de Quito.

Para mí, la autoridad es una ley, mientras que el autoritarismo yo creo que es cuando una persona quiere dominar a otra persona, quiere irse más allá y violar un derecho o una obligación.

Yo considero que las autoridades de mi colegio, por una parte son flexibles, pero por otra, como nosotros decimos son autoritarios, quieren hacer con el estudiante lo que ellos piensan.

Nos impiden que vayamos al colegio con algunos adornos, porque creo que ellos tienen una forma distinta de vestir, de pensar y actuar y tal vez esa moda que nosotros los jóvenes usamos no les gusta o que se yo les molesta. Creo que ese es el motivo que les impide que un estudiantes utilice alguna cosa “extra” en el uniforme, dicen que estamos poniendo a la moda el uniforme.

Yo no sabía que en la Constitución había un artículo con respecto a como los jóvenes nos podemos ver. Pero ahora que lo sé, yo creo que todas las instituciones deben adoptar ese artículo.

Yo estoy de acuerdo con que cada quien es libre y dueño de vestir como a uno le parezca, porque cada quien al fin y al cabo tiene su forma de pensar. Y si te ves de una forma o de otra, no afecta en nada en lo que aprendes en el colegio. Sigues siendo la misma persona.

 

Art. 21.- Las personas tienen derecho a construir y mantener su propia identidad cultural, a decidir sobre su pertenencia a una o varias comunidades culturales y a expresar dichas elecciones; a la libertad estética; a conocer la memoria histórica de sus culturas y a acceder a su patrimonio cultural; a difundir sus propias expresiones culturales y tener acceso a expresiones culturales diversas.

No se podrá invocar la cultura cuando se atente contra los derechos reconocidos en la Constitución.


* Equipo de Comunicación Filial Quito ACJ Ecuador

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La discriminación bota los sueños al mar
Jose Luis Rodríguez
Denisses Angulo *

Las provincias fronterizas del norte del Ecuador, en este último tiempo, además de los problemas ya conocidos por la falta de atención, enfrentan también los problemas de seguridad debido a la expansión del conflicto colombiano en nuestro territorio. Desde el ataque al Ecuador por parte del ejército colombiano el pasado 1 de marzo, se ha logrado visibilizar más el problema fuera de las provincias fronterizas.

Esmeraldas es una de las provincias que enfrenta mayores problemas sociales: altos índices de pobreza, deterioro del medio ambiente, desatención por parte del gobierno, presencia de grupos armados colombianos, narcotráfico, sicariato y delincuencia común, entre otros.

Pese a sus condiciones de pobreza, mucha de la población desplazada colombiana decide quedarse en esta provincia. El temor es generalizado por los altos índices delincuenciales y pese a que no todos los colombianos, ni siquiera la mayoría de ellos son malos, la exclusión y rechazo hacia esta población se hace cada vez mayor.

Seguramente por miedo, nos causa miedo todo aquello que no conocemos, nosotros, pese a que estamos muy cerca de la frontera, no sabemos realmente lo que pasa del otro lado, solo vivimos las consecuencias.

Somos jóvenes afros que a lo largo de la historia hemos sido discriminados. El racismo es un problema latente no solo aquí, en nuestro país, sino en todo el mundo. Sin hacer mucho esfuerzo podemos recordar las agresiones que han recibido migrantes ecuatorianos en España, el ataque a una adolescente en el metro, los golpes a otro compatriota, son los más recientes y sonados, pero no los únicos.

Europa históricamente tiene una tradición racista, violenta y autoritaria, esclavitud hacia los pueblos africanos, guerras mundiales, colonización. El rasismo es algo que nos desune y nos aleja de las demás personas.

En nuestro país la cosa no es muy distinta, los y las jóvenes vivimos exclusión y autoritarismo. Si nuestra piel es de otro color, si eres de otra ciudad o si por distintas causas no terminaste tus estudios, es muy difícil ser parte de la sociedad. No consigues empleo en ningún lugar, te marginan, te ven mal.

No debemos olvidar que la falta de oportunidades está haciendo que se tiren vidas inocentes al mar para que las olas se lleven todos los sueños.

*Centro juvenil parada j (CECAFEC) Esmeraldas

 

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“Mi papá me dio dos puñetes para que no vaya al grupo juvenil”
Alejandra Mero*

En mi casa, mi padre y mi madre están separados. Mi padre me visita a diario y mi mamá tiene una amistad con él por nosotras, somos cuatro hermanas. Mi padre es muy autoritario. Él piensa que el respeto se lo gana imponiendo cosas, incluso utiliza el puño si es necesario.

Mis hermanas le temen mucho, les da miedo que las maltrate o las castigue. A mí, mi papá, frecuentemente me golpeaba si no hacia lo que me mandaba, lo que él creía que era correcto. Llegó al punto de decirme que ya no quería que haga voluntariado, que no me quiere ver más en los grupos juveniles. Bueno, mi respuesta fue que esa es mi opción de vida y no dejaré de trabajar con jóvenes. Ante mi respuesta, él me dijo, muy exaltado, que no puede permitir que lo desautoricen y me dio dos puñetes.

Mi familia cree que él tiene derecho a golpearnos, por eso nadie hizo nada. Realmente yo no podía permitir que me maltrate, por eso fue que lo denuncié, pero realmente nadie le dio mucha importancia. Pero en mí cambiaron muchas cosas, principalmente el no permitir que me pegara, claro que eso significó que en mi barrio me catalogaran como mala hija.

Este es quizás un relato muy común de lo que ocurre a los y las jóvenes en nuestro país. Por eso, cuando como jóvenes nos reunimos a discutir sobre nuestros derechos y topamos el tema del autoritarismo, siempre decimos que no podemos permitir esa clase de abuso, que debemos denunciar los atropellos que se presentan en la sociedad, sin importar de donde vengan, sea de nuestras propias casas, en colegios o en el entorno en que vivimos. Pero la realidad es otra. Nos quedamos paralizados y terminamos permitiendo lo que sucede. No se si esa es una manera de aceptar los abusos, el maltrato y violentar nuestros derechos o a lo mejor el miedo nos detiene. Tal vez en el instante en el que sucede, no nos parece tan malo, porque nos han tratado así tantas veces, que ya nos hemos acostumbrado.

Estas preguntas, realmente confrontan y nos llevan a reflexionar, ¿Por qué lo permitimos? ¿Por qué no actuamos ante los abusos? ¿Por qué, si somos víctimas, callamos y simplemente nos acostumbramos?

Vivimos en una sociedad donde es común y hasta aceptable que los padres o madres nos maltraten, si actuamos de una manera que no les gusta. Con la excusa de que son nuestros padres, permitimos la agresión. Nadie denuncia que vivimos en una sociedad de violencia, incluso en nuestro propio hogar donde debemos sentirnos protegidos.

Todos nos hemos creído el cuento que siempre debe haber alguien que esté arriba de nosotros o nosotras y que por esto pueden maltratarnos y nosotros y nosotras debemos permitir cualquier tipo de abuso. Frente a esto, me gustaría que reflexionemos sobre una frase de John Lennon “Vivimos en una sociedad donde la violencia la practicamos a plena luz del día, mientras que hacemos el amor a escondidas”.

Lo que creo es que no debemos dejar de respetar a nuestro padre y madre, pero ellos también tienen que respetarnos. No podemos permitir que en nuestros hogares se viva con violencia, de manera autoritaria, en la que los hijos e hijas sufran maltrato físico, verbal o psicológico.

* Red juvenil anticorrupción Portoviejo

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Como una palabra se convierte en orden
Flor Garcia*

Para los adultos, mientras los y las jóvenes no hayan pisado el escalón de la “madurez“, son considerados conscriptos que deben obedecer toda orden impuesta por sus mayores.

Alejandro Magno solía decir que muchos nacen para ser mandados y pocos para mandar y gobernar. Claro, él era un autoritario que abusaba del poder y tenía la libertad para exterminar a quien se le cruzara por su ojo.

Se replica esta consigna desde la casa, cuando el padre humilla a los hijos por el hecho de ser padre, por el hecho de ser adulto , por ser “el jefe de la casa”, por tener el poder, la voz y el voto.

Escuchaba, el otro día a un padre decirle a su hijo en plena calle:”aquí mando yo y tu te sometes a mis normas”, “yo te educo”, “yo te mantengo”, “yo te visto”, “yo te engendré”,” Yo puedo hacer de ti lo que me plazca, para eso soy tu padre”.”… Yo,yo yo,yo…!

Todo este escándalo solo porque su hijo se rehusaba a estudiar físico matemáticas, en el colegio, porque su opción eran las ciencias sociales. Algunas palabras cruzaron por mi mente: “opresión”, “indignación”, “un arte de amar martirizando”.
En fin, el otro día, en un taller, un amigo preguntó en medio de una conversación ¿¡qué significa autoritarismo!? -Sencillamente someterse al grito de los individuos a los que, por temor y por incapacidad de creer en nosotros mismos no nos expresamos, callamos nuestra voz y dejamos que otros decidan por nosotros. “Él, siempre estará diciéndonos como debemos vivir en el mundo y bajo qué parámetros.”

El abuso de poder surge desde lo mas cercano de los y las jóvenes, es decir, desde el espacio hogareño, no digo que sean todos, pero si son muchos. Desde pequeños nos tratan como seres inferiores. Lo que nosotros tenemos que decir no importa, no vale la pena ser escuchado porque no poseemos los “conocimientos”. No sabemos nada de la vida, solo nos toca aceptar lo que los adultos dicen, lo que nuestros padres dicen. Si desde el inicio de nuestras vidas no nos enseñan a defender nuestras ideas, si en nuestras casas no nos permiten tomar nuestras propias decisiones, ¡como lo vamos ha hacer en otros espacios?

Solo en algunos casos, donde la convivencia familiar es comunicativa, el diálogo rompe los esquemas autoritarios y los hijos e hijas viven la fiesta en paz.

Y en las aulas….

Y bueno, como dicen por ahí: “los colegios son las segunda casa de las y los jóvenes, porque pasan gran parte de su tiempo en las aulas”. Allí, sin ningún lazo afectivo, no es raro que se repitan casos de autoritarismo.

Los maestros, los inspectores y el rector o rectora, pasan sobre los derechos de los estudiantes por el simple hecho de saber que llevan un cargo que les garantiza que son autoridad y “a la autoridades se las respeta”. Claro que no falta algun compañero o compañera que también agrede a otros y otras por creer que tiene más poder. En el colegio nos hacen disciplinado o mejor dicho esclavizados de un régimen. Todos obedecen una voz. De lo contrario, te rebajan los puntos. O en la casa no puedes salir a la fiesta o a alguna actividad que te interesa, solo porque a tus padres no les agrada la idea. Muchas veces no te dejan ni explicar lo que quieres y por qué es importante para ti.

Al estilo de Mario Benedetti en su poesía “Que les queda por probar a los jóvenes?” podemos recordar que a los y las jóvenes,
“Les queda no decir amén,
no dejar que les maten el amor,
recuperar el habla y la utopía ,
Les queda hacer futuro a pesar de los ruines del pasado y los sabios granujas del presente,
Les queda no encasillarse dentro de un rebaño y desde la sumisión, limitarse a obedecer como fieles ovejas”.

 

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El autoritarismo de las armas 15 de noviembre, las cruces sobre el agua
Paulina Játiva*

Es sábado por la mañana, el día amanece soleado pero se respira un cierto aire denso y grisáceo. La gente con su indiferencia habitual parece no percibir la conmoción en el aire, debido a la congelación de nuestra memoria colectiva, a la postergación de reconocernos como sujetos de historia.

Es sábado por la mañana, las tiendas abren con cierta normalidad. En el mercado las compras se realizan sin perturbaciones. En los buses, en las calles, en las casas la gente realiza sus actividades cotidianas.

Es sábado y es 15 de Noviembre. 86 años atrás se escribió el primer reglón en la historia del movimiento obrero en nuestro país, pero nadie parece recordarlo. En el Ecuador de principios de siglo XX, Guayaquil era el referente de la riqueza nacional gracias a la bonanza del cacao. Además, al ser un puerto fluvial muy importante, albergaba migrantes extranjeros que contribuyeron en la formación de una clase burguesa comercial y financiera. Los migrantes internos montubios, indios de la costa y sierra, conjuntamente con artesanos y obreros de las fábricas se encontraban en situaciones de pobreza. Aquí se profundiza la brecha de los que todo lo tienen frente a los que todo lo sueñan.

Ya para la década de los veinte, el precio del cacao se encontraba decayendo de 26 sucres a 9 en un período de 2 años. El gobierno de turno se encarga de devaluar la moneda para apoyar a los cacaoteros y banqueros. Esta medida afecta de manera importante a la clase media y en especial a los más pobres, para quienes ya la vida se había tornado difícil con la proliferación de la peste bubónica, la falta de empleo, la reducción de salarios y la inestabilidad económica.

En el mes de octubre de 1922, se realiza una huelga de los trabajadores ferroviarios de la “Guayaquil and Quito Railways Co.” quienes después de esta medida logran el cumplimiento de sus demandas. El 8 de noviembre se realiza otra paralización de las Empresas de Electricidad, Gas y Transporte urbano, la cual no tiene el mismo resultado que la anterior; a esta medida se suman muchos gremios y trabajadores. Para el 13 de Noviembre se realiza una Asamblea general en la misma se convoca a la paralización y la entrega de un manifiesto de demandas al gobierno por parte de la Federación Regional de Trabajadores del Ecuador (FRTE). El 14 de noviembre se realiza la marcha de los trabajadores a la Gobernación para hacer la entrega del manifiesto que demanda: condiciones dignas de trabajo, mejora de salarios, liberación de los dirigentes apresados y la baja del horario de trabajo a 8 horas.

Al amanecer del 15 de noviembre, el presidente Tamayo dicta nuevas medidas económicas pero las demandas de los trabajadores no son tomadas en cuenta por lo que deciden prolongar 24 horas más la paralización. “Maldita sea la huelga”, decían los patrones cuando amanecía el 15 de Noviembre y se llevaba a cabo la primera huelga general en Ecuador. Las jóvenes organizaciones obreras salían a la calle. La convocatoria a la participación en la huelga no fue obligatoria, pero la participación voluntaria fue masiva y con ese fuego de esperanza que siempre lleva en el pecho nuestro pueblo. Las autoridades no escucharon los clamores del pueblo y como siempre llamaron al orden de la manera más despiadada.

La multitud se encuentra marchando hacia el edificio de la Policía a recoger a sus compañeros que iban a ser liberados, pero al llegar se encuentra con un contingente militar dispuesto a disparar a pesar que los manifestantes se encontraban desarmados. Algunos corren hacia almacenes en busca de armas para defenderse, pero la arremetida militar es tal que es difícil combatirla. Las primeras víctimas son las obreras del comité femenino Rosa Luxemburgo que encabezaban la marcha. En esta lucha se destaca Tomaza Garcés, esposa de un dirigente ferroviario, quien con sus hijos se recostó sobre las rieles de la locomotora para evitar que los trabajadores cedan a las presiones, con lo cual se sumaron más compañeras y compañeros a la huelga.

El fuego apaga la rebelión

El fuego apagó la rebelión popular, el fuego mermó nuevamente las esperanzas del pueblo; por las calles de Guayaquil corrió sangre de obreros, artesanos, cocineras, panaderos e incluso de niños y ancianos. Al perpetuarse la masacre, que según los historiadores eran entre 100 y 300 muertos, toman los cadáveres y los lanzan al Río Guayas.

Con el cariño y el dolor que nuestro pueblo suele expresar sus pérdidas, al siguiente día fueron encontradas cientos de cruces que flotaban en las aguas del Río Guayas en homenaje a los compañeros y compañeras caídas en esta gesta. De esta forma se realiza el bautizo de nuestra clase obrera, a fuego y sangre. Este acto jamás ha sido reconocido como crimen de Estado.

Es importante llevar latente en nuestra conciencia y en nuestro corazón el 15 de Noviembre, en estos momentos en los que la clase obrera aún no cumple de forma total todas sus reivindicaciones, cuando aún existe esa brecha gigantesca y absurda entre ricos y pobres, cuando la libertad del pueblo se negocia en los mercados del capital, cuando nos estamos acostumbrando a recibir restos y no exigir lo que nos pertenece, cuando es apremiante un proyecto político real que no siga mermando las aspiraciones más dignas de un pueblo, cuando apremia una organización popular sin tintes, ni disfraces neocapitalistas, cuando es indispensable recuperar la memoria colectiva para la construcción de ese otro mundo posible y urgentemente necesario.

Mientras las cosas no cambien de verdad hacia un futuro más equitativo, solidario y sobre todo libre, las cruces seguirán flotando en el aire.

*Red de organizaciones juveniles de Imbabura ROJI

 

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Los derechos humanos nos protegen del abuso de poder...
¡No al autoritarismo!

Valquiria Rafaela Armijos Ambuludí*

En el calendario señalamos con el lápiz de colores, letras grandes y llamativas: 10 Diciembre de 2008 - ¡CUMPLEAÑOS DE LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS! Han pasado 60 años de aquel histórico día en el que se instrumentaron legalmente los Derechos Humanos, “ese conjunto de condiciones materiales, afectivas, sociales, culturales y espirituales que necesitamos para satisfacer nuestras necesidades. ¡Para vivir con Dignidad! Y realizarnos como seres humanos”. Consolidados positivamente, buscan el reconocimiento de nuestra dignidad e igualdad inalienables, como integrantes de la gran familia humana.

La lucha por los derechos humanos no se inicia el 10 de diciembre de 1948, sino en las luchas contra el esclavismo, la servidumbre y el colonialismo. Hoy se manifiesta con nuevas formas de opresión por la dominación neoliberal, la violencia, la corrupción, las amenazas, los abusos, la explotación y el autoritarismo. Esto impide el respeto y la vigencia plena de nuestros derechos; constituyen “piedrotas en el zapato” que limitan nuestro tránsito por el ejercicio de la libertad y dignidad como seres humanos individuales y colectivos.

Y ante esto debemos preguntarnos, ¿qué mismo es el autoritarismo? ¿Es una forma de autoridad, o más bien es un abuso de la misma? Al someternos a la voluntad de una persona y quedarnos callados sin hacer ni decir nada, e incluso callar nuestras opiniones, que son igual de buenas que aquellas “ideas” que nos son impuestas, nos convertimos en víctimas del autoritarismo.

A veces pareciera más fácil someterse a un régimen, en el que nosotros somos dominados y manipulados para realizar actos cuyos fines e ideales no nos son convincentes, pero que de todas formas las realizamos porque creemos saber menos o pensamos estar equivocados y en realidad lo estamos, pero no porque nuestros pensamientos estén mal, sino porque la equivocación en la que incurrimos es no defender nuestros principios y convicciones de amplia libertad. Otras veces, aunque plantemos resistencia, el abuso de poder que tiene variedad de rostros, hace alarde de su fuerza y se impone, “quienes abusan de poder, se sienten por encima de la ley”.

Abuso de poder en los colegios

Muchos y muchas jóvenes viven a diario el abuso de poder de sus profesores, quienes piensan tener un conocimiento “mayor”, aprovechándose así de nosotros los y las estudiantes, para hacernos blanco de sus abusos verbales y psicológicos, haciéndonos sentir más débiles y con un autoestima muy baja, generándonos inseguridades y temores. Esto influye para que nuestras actitudes críticas y participativas disminuyan considerablemente, y como resultado tenemos adultos pasivos, obedientes, resignados o conformistas.

El caso de Carmen, una estudiante de secundaria de 15 años, es un claro ejemplo. Al llevar un deber asignado con anterioridad por su docente y al aportar nuevas ideas al tema expuesto, recibió como respuesta a su esfuerzo las siguientes palabras de su profesor: “está equivocada, por favor señorita concrétese a hablar del tema, no se vaya a otras cosas que no tienen nada que ver”. Carmen, algo molesta, se defendió diciendo que eso estaba dentro de su consulta y que incluso le podía dar la pagina de referencia donde había hallado dicha información, pero el profesor se negó a corroborar aquello, aduciendo “yo soy el dueño de mi materia”.

Esos son casos que vemos a diario; centenares y porque no decir miles de adolescentes, niños y niñas en las escuelas y colegios que no pueden desarrollar plenamente su potencial. Se encuentran sometidos al miedo que produce el autoritarismo, pues con prácticas como éstas se va perdiendo el interés a las clases. Esto es una manera de irnos “ domesticando”. Si jamás dices nada contradiciendo la “gran verdad” del profesor, tienes 20 en conducta. Pero si haces todo lo contrario, hasta te puede costar una expulsión o una pérdida de año.

El camino de los Derechos Humanos nos invita a recordar que todos y todas estamos en la facultad de desarrollar las mismas actividades y por lo tanto tenemos las mismas potencialidades. Nuestros derechos solo terminan cuando comienzan los del otro, pero mientras tanto son universales, indivisibles, obligatorios, interdependientes e irrenunciables.

No olvidemos que el poder de una autoridad es legitimado cuando las decisiones se toman con la activa participación, aporte e intervención de los y las implicados y por otro lado cuando se asumen y ejercen como un servicio a la colectividad. Pero cuando las decisiones son impuestas, se usan como herramienta de dominación, y si la autoridad la utiliza para enriquecerse o enriquecer a pequeños grupos, el poder queda deslegitimado. Es decir que ha perdido la autoridad.

“Solo una actitud vigilante de la gente puede prevenir el abuso de poder”.

Les invito a soñar y respirar libertad y dignidad con Las palabras andantes del uruguayo Eduardo Galeano: “Estamos empezando a vivir una época en la que es absolutamente necesario que la confrontación ceda paso a la proposición, la intolerancia a la tolerancia, el autoritarismo a la democracia...El futuro será nuestro si sabemos responder con sabiduría a los grandes relatos y responsabilidades que nos demanda; si actuamos, ante todo, con ética para reconstruir el tejido social profundamente dañado durante todos estos años de confrontación”.

 

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El arte expresado desde las tablas, un mundo de miles de historias
Soledad Yépez*

El arte es una de las expresiones más elevadas del ser humano, incomprendido por muchos, apasionado para otros. Aunque la mayoría de nosotros alguna vez soñamos con pararnos en una tarima y gritar al mundo nuestros ideales, son pocos los que en realidad se atreven.

Sebastián Sánchez es parte de esos pocos que hizo del arte su vida. Su padre pintor y su madre escultora, sin duda fueron sus primeros referentes. Al llegar a la adolescencia, el poder de las imágenes lo cautivaron y encontró en el teatro ese espacio que le permite una transmisión de imágenes en vivo. Las tablas son el medio por el cual logra conmover al público, las risas, lágrimas y suspiros son lo que le motivan a trabajar día a día. Sabe que el llegar a ser artista es un proceso de toda la vida. ¨ Son meses y meses de preparación para presentar una obra de cuarenta minutos, pero la adrenalina de ese momento sin duda lo vale ¨ nos dice.

Estudia Comunicación Social con mención en Multimedios, un leve acercamiento a su verdadera pasión, porque sabe que el arte no le va a ofrecer una vida plena, sobre todo en nuestro país donde esta actividad no cuenta con el suficiente apoyo. Las escuelas de actuación son muy caras, los canales de televisión no difunden lo que se produce a nivel nacional, es muy poco lo que el gobierno designa y la empresa privada tampoco respalda las producciones. Pero estas imitaciones han generado que se promueva el “acolite”, “los panas que se involucran lo hace por convencimiento” dijo Sebastián.

Ha recibido sus lecciones de las más reconocidas directoras en artes escénicas del país como Diana Borja y Viviana Cordero. Con esta última presentó la comedia ¨Anatomía ¨ en la Casa de la Cultura con gran éxito. Sebastián representaba a “El Chivo” un cantante de hip hop que, junto a un ladrón, una gomela, un aniñado y un gay, comparten una noche en una esquina y cada uno cuenta la historia de su vida.

Los monólogos representan un reto mayor, la mayoría de las veces el actor encarna varios papeles simultáneamente. “Vuelta a la locura”, una adaptación del texto de Pablo Palacios, fue uno de los primeros monólogos representados por este joven actor, dirigido por Diana Borja.

Ahora Sebastián comparte sus técnicas con otros jóvenes en las clases de actuación en el colegio Técnico Don Bosco. Está preparando también una obra sobre la vida de Don Bosco, que será presentada en la Universidad Politécnica Salesiana de Quito, Guayaquil y Cuenca.

Sin duda su talento no tiene límites ni sus sueños fronteras. Espera poder viajar, estudiar y consagrarse como un actor y cineasta reconocido mundialmente.

*Estudiante de Comunicación Social

 

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Santo Domingo: Jóvenes piden universidad pública
Eddy Vera*

Los y las jóvenes del Comité Provincial de Juventudes de Santo Domingo de los Tsáchilas, presentamos un manifiesto público al Eco. Rafael Correa por celebrarse el primer año de provincialización, el 6 de noviembre último.

Los y las jóvenes pedimos a las autoridades la creación de la Universidad Pública que cumplan con el derecho a la educación gratuita hasta el tercer nivel declarado en la nueva Constitución, así como también la construcción de la Casa de la Juventud para la provincia Tsáchila para que la juventud de la provincia cuente con espacios de participación y de formación.

Ya que el Presidente asistiría al acto de celebración de la provincia, se había desplegado un operativo policial que impedía aproximarnos a las autoridades. En cuanto llegó el Presidente, los y las jóvenes tomamos nuestras pancartas e hicimos uso de nuestra voz para que las autoridades nos escucharan.

Al pasar nos saludaban, pero sin escuchar realmente lo que decíamos. En cuanto pasó el vehículo presidencial, los guardaespaldas nos alejaron más del primer mandatario. La gente que había asistido al acto se sentía desilusionada por no poder aproximarse “…y como siempre la guardia que no lo deja ni tocar…” decía una señora que estaba a nuestro lado.

Pese a la cantidad de guardias que había, tomé la carpeta en la que estaba el manifiesto que habíamos preparado para entrégaselo. Al aproximarme uno de los guardaespaldas me sostiene de la camiseta para detenerme. Rafael Correa, al ver esto, le dice al guarda que me deje pasar. Solo tuve unos segundos para decirle de que se trataba el documento y entregarle el Manifiesto.

Luego, un joven de la secretaría del presidente se nos acercó, nos dijo que venía de parte del Economista Correa, que a él le había gustado mucho la propuesta y la organización juvenil.

Ahora nuestra demanda está en la Presidencia, pero sabemos que esto apenas está empezando, que tenemos que ir dándole el seguimiento con nuestras acciones y movidas juveniles.

*Responsable juvenil Filial Santo Domingo ACJ Ecuador

 

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Haciendo comunicación en todas partes
Belén Yépez*

En las paredes de las calles, algunas veces en el cemento fresco de las aceras, en las bancas de los colegios y universidades, en las letras de las canciones, en cuadernos, en los espacios radiales, en uno que otro programa de televisión, en los blogs, en el hi5, en las hojas volantes, en las marchas, en los plantones, en las revistas, en las frases, en los mensajes de celular, en las llamadas telefónicas… en todas partes… Los y las jóvenes usamos casi cualquier cosa para decir aquí estamos y esto somos, posiblemente porque siempre nos hemos sentido invisibilizados, nos la hemos ingeniado para apropiarnos de los diferentes espacios.

La revista Sakudt es uno de estos, se la produce desde el 2006 y ya son seis números los que hemos logrado publicar. Cada vez recibimos mayor colaboración de jóvenes de distintas partes del país, cada vez son más realidades las que podemos evidenciar en las páginas de la revista.

Los primeros números eran desarrollados con los aportes de los equipos de la ACJ, casi en su totalidad. Ahora nos llena de alegría ver que esta es una revista de todos y todas. Desde la número cuatro, participan compañeros y compañeras que pertenecen a diversas organizaciones juveniles. Todas y todos formamos parte de la “Red de Comunicadores/as Jóvenes por la Paz”. Esta es una coalición organizativa que pretende que los y las jóvenes nos apropiemos del derecho humano a la comunicación.

Esta Red es una apuesta para que seamos nosotros los que nos tomemos los medios, que promovamos, desde los espacios alternativos, desde nuestro día a día un encuentro entre los diversos.

Creemos que el trabajo en red nos permite optimizar recursos, energías, propuestas y hacer cosas mucho más grandes, si trabajamos juntos y juntas las iniciativas tienen mayor impacto, pues son más manos, cabezas y fuerzas las que impulsan las tareas. Como organizaciones juveniles siempre hemos intentado trabajar articuladamente. El proceso del Acuerdo Nacional por la Constituyente Juvenil, es un ejemplo de ello. Trabajamos descentralizadamente, de manera horizontal, pero con un mismo objetivo.

En nuestras organizaciones hemos desarrollado cientos de ideas creativas para promover nuestras iniciativas, campañas, acciones, pero por lo general siempre se queda en nuestro campo de acción, con nuestra gente, con la que trabajamos. Muy pocas veces salimos de nuestra localidad o somos noticia nacional. Suelen existir problemas al interior de las organizaciones también, porque no nos comunicamos eficientemente. Para eso es indispensable que se generen espacios y oportunidades en los que los y las jóvenes podamos desarrollar todas nuestras capacidades comunicativas.

El pasado mes de noviembre, la Red realizó un encuentro nacional en el que los y las jóvenes definieron algunas líneas de acción, en su mayoría enfocadas a la cooperación entre las organizaciones para fortalecer las habilidades de los y las jóvenes, además de mantenernos informados sobre las actividades de nuestras organizaciones. La lista de distribución electrónica, debatejovenes@yahoogroups.com, es uno de los medios que nos sirve para mantenernos comunicados y compartir documentos y experiencias.

Esta Red es solo una de las múltiples iniciativas que los y las jóvenes impulsan en el campo de la comunicación. Esta revista es resultado de esa articulación. Este nuevo año esperamos seguir trabajando en red, ampliando las organizaciones. Gracias a todos y todas por este trabajo, nuestro trabajo.

*Promotora Nacional de Comunicación ACJ Ecuador

 

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GRAFFITI: REPORTEANDO SOBRE EL MALTRATO
Henry Betancourt*

La ciudad puede ser un torbellino
donde todos juguemos a ser robots
donde el ruido nos haga compañía
mientras el smog manche nuestras almas.

La ciudad puede ser infierno vengativo
que por las noches se ame con la violencia
para parir las injusticias y la pobreza
mientras los jóvenes sigan siendo excluidos.

La ciudad puede ser también esperanza
cuando los jóvenes invadan calles y avenidas
con su voz de trueno anunciando amaneceres
y el smog se ventile con la palabra amor.

Y nosotros volvamos a ser utopía.

ELÉ

Verá doña Belita, usted sabe, como directora de la revista SAKU DT, que los reporteros, a veces, nos jugamos la vida por sacar una noticia o un reportaje, por eso le digo que cuando me dijo que hay que hacer un reportaje sobre la nota del maltrato y el autoritarismo me puse manos a la obra.

Poniendo las manos en el corazón le digo que esto del autoritarismo me hace acuerdo de uno de los peores gobiernos que ha tenido el país, el del León Febres Cordero. Aunque ya falleció el señor, pero la verdad sea dicha, no todos los muertos son buenos. En esa época ser joven era no solo problema sino también pecado, ser joven era sinónimo de subversivo. El tipo gobernó el país a punte de carajazos y pistola. El país era como su hacienda… Mejor no me acuerdo de esos momentos tristes.

Verá, viendo bien por los barrios, uno se da cuenta que la sociedad es la primera maltratante pues excluye a los jóvenes.

Se vive en una cultura de violencia y autoritarismo. La sociedad se refiere a los jóvenes como ciudadanos de segunda clase. Veamos:

La juventud es:
- “ Una etapa intermedia entre niño y adulto”
- “Estar en la edad del burro, ya se les pasará”
- “ Los jóvenes son incapaces”
- “ El futuro de la patria”

“Es una etapa intermedia entre niño y adulto”.

Según esta frase los y las jóvenes son una etapa pequeña sin mayor importancia y cuyo fin último es llegar a ser adulto. El joven no tiene importancia, es solo un puente entre el niño y el adulto. El ser adulto se muestra como una meta, con lo cual se niega que la juventud es una fase del desarrollo humano en donde se viven intensidades y que tiene su maduración y ritmos propios.

“Estar en la edad del burro, ya se les pasará”.

Según algunos profesionales, la problemática juvenil tiene que ver con cosas propias de una etapa de desajustes en el equilibrio de nuestra personalidad, que empieza al momento de la pubertad, lo que produce ciertos cambios físicos y emocionales bruscos; y con una serie de inquietudes frente a la sociedad y al mundo. Si bien esta afirmación es certera, no es menos cierto que debemos ver la cuestión de lo juvenil como algo que va más allá de lo personal, pues es un asunto de construcción social.

Comúnmente cuando se habla de la edad del burro, estamos evocando conflictos, crisis y esto generalmente se lo asocia con algo negativo. El conflicto no necesariamente es destructivo, pues más bien constituye una oportunidad para crecer. La juventud es una etapa de aprendizajes.

“Los jóvenes son incapaces”

Esta concepción hace ver al joven como un ciudadano de segunda clase al cual hay que darle haciendo las cosas. Y por tanto no se crean condiciones para que las juventudes asuman responsabilidades y espacios de decisión. Entonces las jóvenes piensan que no tienen capacidades, que no pueden proponer. La juventud se convence de que es incapaz de participar.

“El futuro de la patria”

Con esta frase se consolida la invisibilidad del joven, pues como son el futuro de la patria no hagamos nada por ellos ahora. La sociedad se ha convencido de que otros sectores son los prioritarios descuidando a la juventud e hipotecando de esta manera el presente y el futuro de las jóvenes. Pero para nada es invisible la juventud, pues el 60% de la población ecuatoriana es menor de 30 años.

La nota del irreconocimiento...
Uno de los espacios donde se irreconoce a las juventudes es el cole. Chuta, ahí si es de sentarse a cantar pasillos.

Los inspectores son los típicos sargentos de la película. La disciplina en vez de trabajarse con acuerdos se lo hace como si las jóvenes fueran lo peor o el problema, EL PROBLEMA. Es una disciplina policíaca.

Los Licen se creen la divina papaya, aunque para ser justos hay algunos licen que si son buena nota, pero son la excepción de la regla. Conversando con algunos chicos y chicas me dicen que a más de que pertenecen a familias pobres y que eso ya es maltrato, también creen que no hay mecanismos de diálogo intergeneracional.

Los licen creen que las jóvenes no tienen conocimientos y no pueden opinar o reflexionar como si fueran objetos a los que hay que depositar conocimientos, muchos de ellos ya caducos. “ellos no saben que nosotros manejamos más información en el internet”. “Eso nos da iras porque no hay diálogo, nos imponen cosas”.

El asunto en las familias es otra novela de llorar. Cuentan que a las jóvenes mujeres no les quieren dejar ni salir, peor si es a espacios de participación porque dicen que van a perder el tiempo. Para las mamás y papás el hecho de que sus hijas vayan a un espacio juvenil no es productivo, entonces deciden sobre el tiempo libre de las jóvenes.

Las jóvenes no tienen un tiempo propio para la re-creación. Tienen que asumir roles tradicionales y lo que es más a veces suplir el rol que deben cumplir sus padres o madres.

Le podría seguir contando lo que me dijeron las jóvenes pero ya me tengo que ir. Pero antes quería decirle que esto de los discursos y los irreconocimientos a los jóvenes nos convence de que debemos seguir construyendo la ciudadanía juvenil a partir de:

La importancia de la autoestima y de la identidad cultural (en su diversidad regional, étnica, generacional), como base para una ciudadanía activa.

La necesidad de que el joven ciudadano desarrolle conocimientos y capacidades (información, capacidad técnica, administrativa) para efectivizar su ciudadanía mas allá de la figura legal de derechos y obligaciones.

Fortalecer la capacidad de organización y participación de las juventudes en sus diversos entornos: colegios, barrio, ciudad.

La actoría ciudadana del joven se realiza en contextos específicos:

En una sociedad donde existe un modelo de exclusión que limita el ejercicio de derechos.

En una sociedad donde se mantiene el choque generacional, el conflicto entre el desarrollo corporal, expresivo, sexual, afectivo y de conocimientos de los jóvenes vs. el patrón que se busca imponer,